
Noches del Botánico volvió a convertir durante los meses de junio y julio el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid en uno de los grandes puntos de encuentro de la música en la capital, siendo una referencia para la ciudad y el país que sitúa al festival como una referencia musical y un gran atractivo para el turismo. El calor va apretando y el verano llega, pero además de sudar, la buena música gracias al Botánico nunca falla.
Estuvimos en una edición especialmente significativa, siendo la décima del festival, que reunió propuestas de estilos y generaciones muy diferentes y volvió a demostrar que buena parte de su personalidad reside precisamente en esa diversidad, conquistando a público de todas las edades.
Por su escenario pasaron durante el verano nombres como Rigoberta Bandini, Two Door Cinema Club, Big Thief, Ginebras, M-Clan, Zaz, Nile Rodgers & CHIC, Van Morrison, Garbage o Jean-Michel Jarre, entre muchos otros.
Lunas Pasajeras estuvo presente en momentos muy especiales del festival, pero queremos recordar dos citas muy diferentes entre sí, a la vez que muy importantes: Love of Lesbian y Pablo López junto a Pamela Rodríguez.
Love of Lesbian: celebración y despedida antes del parón
Los días 15, 16 y 17 de junio tenían un significado especial para los seguidores de Love of Lesbian. La banda había anunciado meses antes un parón indefinido tras más de dos décadas de actividad prácticamente ininterrumpida, convirtiendo sus tres citas en Noches del Botánico en algo más que otra parada de la gira. Por ello, no había que dejar pasar una fecha tan señalada tanto para el grupo como para sus fans.
Sobre el escenario, pudimos encontrarnos el presente de la formación y el recorrido acumulado durante todos estos años convivieron en un repertorio que funcionó casi como una mirada retrospectiva a su trayectoria, siendo un viaje en el tiempo que valió la pena totalmente para viajar junto a la banda por su historia musical.

Ejército de salvación, canción que da nombre a su último trabajo discográfico, abrió una noche en la que pronto aparecieron temas como Cuando no me ves, Bajo el volcán y Sesenta memorias perdidas. La etapa más reciente tuvo un importante protagonismo, con canciones como Contradicción, ¿Qué vas a saber?, La hermandad o Ejército de salvación, pero sin desplazar un catálogo que forma ya parte de la historia reciente del pop independiente español. Momentos más emotivos, otros más animados y ante todo, la magia especial del grupo.
Hubo espacio para regresar a 1999, uno de los discos fundamentales de la banda, con su canción homónima, Segundo asalto, Incendios de nieve, Los irrompibles o Allí donde solíamos gritar. También aparecieron La noche eterna, La Champions y el Mundial, Me amo, Planeador y otros temas que permitieron recorrer diferentes momentos de la evolución musical del grupo. Porque otra cosa no, pero repertorio y una lucha incansable por seguir sorprendiendo y manteniendose al pie del cañón no lo puede negar nadie.
Uno de los momentos inevitables llegó con Club de fans de John Boy, convertida desde hace años en uno de los grandes puntos de comunión entre Love of Lesbian y su público, haciendo gala de la importancia de los fans y la unión con sus músicos de confianza.
Un grupo que se muestra firme en el escenario, seguro y con una gran complicidad y conexión que se transmite a sus fans.
Los bises prolongaron ese viaje por su historia con Allí donde solíamos gritar, Los irrompibles, Planeador y Los toros en la Wii (Fantástico), poniendo fin a una noche marcada inevitablemente por la sensación de estar asistiendo a uno de los últimos encuentros de la banda con Madrid antes de detener el camino. Eso sí, un camino que seguro no tendrá fin y dejará más sorpresas en su historia.
Más que una despedida definitiva, las tres noches del Botánico funcionaron como una celebración de todo lo construido hasta ahora: canciones nuevas compartiendo espacio con aquellas que han acompañado a sus seguidores durante años y un público consciente del carácter especial de estas citas. Sin duda, un grupo que no deja indiferente a nadie.
Pablo López: el piano como centro del corazón
Unos días después, el 19 de junio, Noches del Botánico cambió completamente de registro con la llegada de Pablo López, una de las figuras más relevantes del panorama musical de los últimos años.
La encargada de abrir la velada fue la artista peruana Pamela Rodríguez, que presentó una propuesta en la que confluyen el pop independiente, la canción de autor y diferentes influencias latinoamericanas que siempre son muy bien recibidas en España. Acompañada por su banda, interpretó canciones como Olvidando que te olvidaba y Ligera Love y presentó también parte de su material más reciente para el nuevo público que aún no conozca su música y para sus seguidores.
Después llegó el turno de Pablo López. Más de 4.000 personas se reunieron ante un escenario presidido por un gran piano de cola negro, elemento fundamental de un espectáculo de aproximadamente dos horas en el que el malagueño volvió a hacer de la interpretación y de su relación con el público dos de sus principales armas. Siempre con el corazón por delante y el alma entregada a cada oyente, triunfa en cada uno de sus directos.
El Niño del Espacio abrió el concierto y sirvió también para situar el momento artístico que atravesaba López, inmerso entonces en la gira del mismo nombre. A partir de ahí fueron sucediéndose canciones recientes y composiciones ya asentadas dentro de su repertorio.
La Niña de la Linterna, Me Voy a Escapar y Lo Saben Mis Zapatos aparecieron durante la primera parte de un concierto en el que el piano no se limitó a ejercer como acompañamiento. López jugó constantemente con él, alternando momentos de mayor intimidad con otros en los que la banda y el público llevaron las canciones hacia un terreno mucho más expansivo. Al final sus canciones cuentan historias con las que todos nos podemos sentir identificados y ver parte de nuestra vida en sus letras, siempre es algo que enamora.

También hubo espacio para mirar hacia otros autores. Una versión de Un vestido y un amor, de Fito Páez, se sumó a otros guiños musicales que aparecerían durante la noche, haciendo un homenaje a sus maestros.
Con La Libertad llegó uno de los momentos de mayor participación colectiva. Después aparecerían canciones como Te Espero Aquí, Esdrújula, Quasi y Tu Enemigo, uno de los temas más reconocibles de su carrera, recordando viejos momentos y celebrando sus últimos éxitos.
El concierto cambió de textura en un bloque electroacústico en el que López abandonó momentáneamente el piano. Guitarras, cajón, bajo y una sección de viento permitieron presentar desde otra perspectiva canciones como KLPSO, Mamá No y El abrazo más grande de todos los tiempos. Pablo es un soñador y la música corre por sus venas y eso jamás se puede olvidar.
El regreso al piano condujo hacia algunos de los momentos más esperados. El Mundo y El Patio fueron recibidas por un público que convirtió buena parte del tramo final en un enorme coro, mientras López introducía también referencias a canciones como Mariposa Tecknicolor, de Fito Páez; Salir, de Extremoduro, o La Bolsa, de Bersuit Vergarabat. Un músico incansable que sigue luchando y disfrutando con la inocencia de un niño y mirada de adulto.
Suplicando puso finalmente el broche a una actuación que significaba además el cierre de la primera etapa de la gira El Niño del Espacio, después de más de treinta actuaciones, antes de que el espectáculo creciera hacia un formato pensado para escenarios y festivales de mayor tamaño.
Dos noches, un mismo escenario
En apenas tres días, Noches del Botánico mostró dos maneras muy distintas de entender un concierto.
Love of Lesbian llegó con el peso emocional de una despedida temporal y convirtió su actuación en un recorrido entre presente y memoria. Pablo López hizo del piano, la improvisación y la comunicación directa con el público los pilares de un espectáculo construido desde la cercanía.
Dos propuestas diferentes que encajan, precisamente, en una de las señas de identidad que Noches del Botánico ha consolidado durante su primera década: reunir en un mismo espacio artistas, estilos y generaciones diferentes sin perder el carácter especial de las noches de verano en el Jardín Botánico Alfonso XIII.
Gracias a estos momentos que nos alegran cada año y que nos hacen seguir amando la música, es por lo que vale cada segundo pasado en el Botánico. Ahora, a esperar al año que viene.
Esther Soledad Esteban Castillo
