Entrevista a Coti por “Coti Sorokin y los brillantes en el Teatro Colón”

Coti: «El concierto en el Teatro Colón fue un premio a la trayectoria que no esperaba»

Coti pasó por Madrid para presentar su último trabajo,
Coti Sorokin y Los Brillantes en el Teatro Colón. Un nuevo disco en directo que recoge muchos de los
éxitos de su carrera en una de esas noches para guardar en el recuerdo y en la historia musical.

El álbum captura la energía de un concierto único en uno de los teatros más emblemáticos del mundo, acompañado
por orquesta e invitados especiales. Aproveché su visita para conversar con él sobre este trabajo, su relación
con el directo y la manera en la que ha ido cambiando su propia banda sonora vital.

Lo primero, felicitarte por tu nuevo trabajo y preguntarte qué tal te sientes con este nuevo disco en directo…

Vengo haciendo música desde muy chiquito. Es un disco muy especial y, aunque de mis diez discos tengo tres en
directo y es un buen porcentaje, este trabajo es un buen reflejo de mi vida artística, ya que hago muchos
conciertos por año y cada tanto me gusta dejar una impronta de lo que fue la gira en esa época.

Este disco en el Teatro Colón significa mucho por el propio teatro: un concierto único, con orquesta e
invitados… pero, sobre todo, por ese marco, ya que es uno de los teatros más importantes del mundo. Es un templo
de la excelencia musical y de la música clásica, asociado a una marca como el Teatro Colón, con prestigio
mundial, donde han tocado los músicos más importantes del mundo. Hay mucha carga emocional y es muy motivadora.
Solo se hacen dos conciertos al año que salen del marco normal, así que fue una sorpresa y un halago.

¿Fue tal y como lo imaginaste en un principio?

Decidí automáticamente que lo íbamos a grabar y pusimos la mejor tecnología. Lo grabamos en 4K, en 70 canales en
protones, hicimos una gran muestra fotográfica… Fue algo que surgió como un premio a la trayectoria que no
esperaba y lo registramos y aprovechamos mucho.

Tenemos un vinilo doble de lujo para todos aquellos que lo quieran tener. Está accesible para cualquiera.

Imagino que tuvo que ser muy complicado elegir el repertorio final…

Sí, porque era buscar la síntesis de veinte años de canciones, diez discos, seleccionar y armar un guion en un
concierto de más de dos horas, con muchos matices… A veces estaba solo y, al momento, con toda la banda. Poder
jugar con esas dinámicas te lo permite un entorno y un público así. Es buscar el guion para que sea un viaje por
mi música, por mis letras… Está todo muy trabajado.

Tenemos mucha gente joven descubriendo canciones clásicas y otras nuevas. Es maravilloso que se unan al tren de
mi música y que el público siempre se vaya renovando. Es un orgullo ver gente joven, familias participando y con
esa conexión con el artista.

El repertorio es una síntesis de diferentes momentos de mi vida y de mi carrera. Hay un seguimiento de estas
canciones; muchas ya las había cantado y muchas no podían faltar en este concierto.

Debió ser todo un sueño…

Para mucha gente ir a este concierto fue un evento social y muchos me lo decían a través de las redes. Mucha
gente ha tenido la oportunidad de conocer el teatro y, en quince días, se agotaron las entradas. Fue una
experiencia hermosísima.

¿Y un artista que te haya marcado y que te hubiese gustado que te escribiese una canción?

Hay mucha gente que admiro desde pequeño, como Luis Alberto Spinetta, que es uno de los
fundadores del rock en mi país, o Charly García. Son mis ídolos de infancia y juventud y aún
admiro su carrera, talento, profesionalidad… Como artista admiro, aprendo y tengo influencias de muchos colegas
de diferentes estilos, generaciones y países. Forman parte de la canción, que es un género muy rico.

¿Ha ido cambiando la banda sonora de tu vida?

Al final me gusta volver a los clásicos. Siempre he escuchado mucha música muy ecléctica, también por la
discoteca de mi padre, donde hurgaba y donde descubrí el tango, el jazz, el bolero… un montón de estilos. Pero
voy incorporando gente que voy escuchando o nuevos estilos, como el rap o el trap, que manejan una lírica
poética muy buena para estas épocas revolucionarias y me interesa mucho, aunque yo venga de todo lo contrario.

Eso me lo van mostrando también mis hijos y yo les muestro otra música a ellos. Hay muchas cosas que están muy
bien y la lírica más callejera me llama mucho la atención.

¿Ha cambiado lo que más consigue atraerte en un tema a lo largo de los años?

Sigue siendo la misma motivación: escribir algo que primero me emocione a mí, aunque me voy poniendo más
exquisito cada vez. Si me genera una emoción profunda lo que escribo, ya lo presento. Y el desafío son las
palabras, el verso, la armonía justa… todo ese equilibrio que tiene que tener una canción.

De las que tocaste en el Teatro Colón, ¿cuáles te pondrías para empezar un día enérgico o cuál para un día más melancólico?

Creo que hay dos o tres que para mí han sido unas versiones maravillosas que hicimos allí, como
Canción de adiós, la versión de Profundidad junto a Abel Pintos,
la canción Tanta magia… Venimos muy afinados y quedaron registradas para siempre allí.

Días también significa mucho y la usé para abrir el concierto; era muy significativa para
abrirlo.

¿Tienes algún tema imprescindible que no te pueda faltar?

Algunas son imprescindibles para el público y otras para mí. Hay un mix muy lindo entre lo que la gente quiere
escuchar y lo que yo quiero, que a veces coincide y a veces no. Los conciertos tienen dos partes: el escenario
y el público.

Es erróneo el criterio que tienen muchos artistas que piensan que el concierto es un hecho egoísta que va
unilateralmente desde el escenario al público. Creo que es un hecho colectivo, en comunidad, que se propone y
se genera desde el público al escenario.

¿Qué consejo le dirías a tu yo de los comienzos?

Consejo no. Creo que lo que uno hizo en su momento, por más que se haya equivocado, hace que se aprenda de los
errores. Es fundamental equivocarse y, sobre todo, en el arte. Si tienes miedo nunca vas a aprender, solo tienes
que estar atento y reconocer lo que haces mal para corregirlo, mejorarlo o seguir equivocándote, pero con cosas
distintas. Es un riesgo que se va tomando constantemente y te haces responsable de las cosas buenas y de las
malas.

En el arte no hay reglas ni un camino escrito, cada uno tiene su propio latir y no todos tenemos que hacer un
mismo camino o “carrera”. Odio el término carrera porque parece un circuito, pero todos tenemos altibajos y
tienes que poder permitirte salir de la carretera y sentir esos altibajos.

¿Un sueño pendiente para este 2019?

No tengo un sueño en particular porque esa auto presión creo que no es productiva. Hay que sentirse libre para
ir cambiando sueños y objetivos a medida que tu espíritu y tu latir te lo piden. El sueño que tuvieses a los
ocho años seguro que no es el mismo de ahora. Hay que escucharse en el presente y en las cosas que nos hacen
felices.

La mayoría de los sueños de un artista, como el primero que fue sacar un disco, los fui cumpliendo y otros
quitándolos del medio, porque a veces se genera frustración y no disfrutas de lo que vas consiguiendo, que son
muy hermosos. A veces la vida y sus desvíos te llevan a otros objetivos.

El único sueño, y no concreto, sería seguir adelante, hacer feliz a la gente y hacerme feliz yo, seguir haciendo
música y seguir sobre los escenarios, pero solo si me hace feliz a mí y a la gente que también es feliz así. Es
una misión, sin asignarle nada místico, pero sí creo que cada uno tiene su misión y nace con ella, como el hacer
música y canalizar el sentir de la gente.

¿Un sitio para recomendarnos de Argentina y otro de Madrid?

De Argentina, el glaciar Perito Moreno, en la Tierra del Fuego, al sur, en la
Patagonia.

En Madrid me gusta mucho el monte del Pilar y todo aquello que te carga de
energía y te lleva a la naturaleza.

Esther Soledad Esteban Castillo, Madrid

Deja un comentario