Daniel Cros: “Cuanto más viajo, más se ensancha el mundo”

Con Sed de viaje, Daniel Cros firma un álbum de diez canciones grabadas en su estudio Rosazul (Poblenou, Barcelona) tras una gira por Uruguay y Argentina.
El disco viaja por son y bolero, folk, chanson, country, blues y afro-pop, con colaboraciones de Kilema, Silvia Penide, Mane Ferret, Sebas Garay y Pala.
Hablamos con el cantautor sobre rutas, música y esa sed que solo sacia tocando.
—¿Cómo te sientes respecto a compartir ya tu nuevo trabajo con el público y verlo por fin a la luz?
Muy contento, la verdad. Tiene mucha vida, está conectado con las giras que he hecho en Latinoamérica, amigos, colaboraciones…
Estoy satisfecho después de haberlo editado y “parido”. Ahora comienza la etapa de darlo a conocer e interpretarlo en vivo.
Cada canción tiene un enlace con las personas que tocan y con su composición: son parte de mi camino.
—Has sido muy valiente en este largo viaje. ¿Cómo has vivido la experiencia de esta gira por Latinoamérica?
La última gira fue por Uruguay, mi primera vez allí, y fue una experiencia muy bonita.
Fui en nombre de España a un festival de cantautores del ayuntamiento y conecté con músicos de Costa Rica, Bolivia, Argentina…
Toqué en Montevideo y en provincias; viví momentos muy especiales, como en una escuela para niños que nunca habían ido a espectáculos.
Les explicaba el oficio de escribir canciones y cantar; escuchaban con mucha curiosidad, además de mi acento, tan raro para ellos.
—¿Has notado algún cambio notable en la forma de entender la música?
Sí. En cada lugar se acercan de modo diferente, pero como cantante español he sentido mucha receptividad: gente atenta y curiosa con lo que hago.
Ahora estamos dando forma a nuevas giras. A Colombia he ido prácticamente cada año en los últimos tres y ya tengo muchos amigos;
es un país lleno de contrastes, como España, y conecto mucho.
—¿Se ha cubierto tu sed de viaje? (Aunque nunca acaba…)
También necesito descansar, porque el trajín de ida y vuelta agota.
Quiero conocer muchos sitios: por ejemplo, África la he visto muy poco; con Latinoamérica la música fluye porque me entienden y la comunicación es más visceral.
También me atrae el sudeste asiático. Hay tantos lugares… A veces es mejor con alguien local que te enseñe a través de sus ojos.
Me gusta conectar con las personas, con sus ilusiones y problemas.
—¿Te quedas con algún lugar en especial, personalmente?
De Latinoamérica, Colombia me ha impactado —Medellín, el Valle del Cauca…—.
México me fascina y tengo muchas ganas de regresar: ya solo el DF; el país en general, pese a la inseguridad y sus conflictos, es muy interesante.
—¿Has aprendido algo de ti mismo con este disco?
Componer y grabar siempre es un aprendizaje: del proceso de creación y de ti mismo, que termina reflejándose en la producción y en las canciones.
Siento que estoy en un proceso largo de simplificar y de sentir en la forma de las canciones.
Ya son nueve discos y la trayectoria a veces “pesa”; no quiero sentir ese peso, quiero aligerar.
No puedes partir de cero, porque tienes bagaje.
No sé qué pasará en el siguiente, pero me gusta renovarme y tener libertad artística y personal;
también marcarme retos, y ya soy exigente con el filtro que aplico a mis canciones.
—¿Tuviste dudas sobre el repertorio final del disco?
Algunas, pero ahora me alegro de no haber dejado fuera ciertos temas.
Si hubieran entrado otras, quizá habría descubierto cosas —al producir todo cambia—, pero estoy orgulloso de las diez.
—¿Algún descubrimiento musical reciente?
Kilema, músico de Madagascar que vive en España y colabora en el disco.
Toca la valiha, un bambú con cuerdas metálicas —cables de freno de bicicleta—, instrumento nacional de Madagascar, con una sonoridad especial.
Allí confluyen influencias de África y Asia.
Invitar a alguien a tu mundo y mezclar colores, fonética y forma de cantar…
Las colaboraciones han sido momentos intensos.
Además, tenemos pendientes conciertos con Kilema y con Silvia Penide: cantamos juntos en A Coruña y en otoño vendrá a Cataluña.
Es un proyecto de ida y vuelta.
—¿Cuál es para ti la canción más personal y cuál la más enérgica?
“Ça Va?”, con Kilema, es liviana y se apoya en un ritmo del folclore de Ghana; tiene una energía fresca.
La más personal quizá sea “Andar”, que abre el disco: la conexión entre la ciudad y el caminante;
cómo avanza el día y entra en la persona y sus emociones.
Es abierta y expresiva; conecta porque cada cual vive la ciudad a su manera.
—¿A qué película le pondrías banda sonora con este disco?
Varias. Pero hay una canción, “La ventana indiscreta”, que homenajea al cine:
al clásico de Hitchcock de los años 50, construida sobre su argumento a mi manera.
—¿Cómo describes el concierto perfecto?
Buen sonido, buena atmósfera y atención del público.
Que la gente esté pendiente de que hay una persona tocando: de lo que digo y de cómo lo digo.
Es energía de ida y vuelta: yo lanzo, impacta y regresa.
—¿Algún concierto que te haya marcado como espectador?
Leonard Cohen (gira de Various Positions) en el Palacio de Deportes de Barcelona.
Y The Clash en Brixton (Londres), 1983.
—¿Un lugar especial de Barcelona que recomiendes?
Poblenou: espíritu de pueblo y playa.
Es entrañable; siempre regreso allí tras los viajes.
—¿Un momento especial de 2018 y un deseo para 2019?
La gira por Uruguay con Esteban Monje (Costa Rica);
compartir escenario con Sebas Garay en Mendoza;
y un concierto en Barcelona con Lejo García (Medellín), además de fechas en Logroño, Barcelona y Andorra.
Son momentos de buena sintonía: cantar juntos.
Para 2019, unos días de descanso junto al mar Menor: vacaciones, calma y guitarra.

Un comentario sobre “Entrevista a Daniel Cros por “Sed de Viaje””