Judith Owen presenta “Somebody’s Child” — trece canciones para sentir y celebrar
El año pasado ya pudisteis conocer mejor a Judith Owen con nuestra entrevista sobre Ebb & Flow. Ahora regresa con “Somebody’s Child”, trece temas para sentir, reír, llorar y reflexionar.
La noche previa a esta charla actuó en Galileo Galilei: un show íntimo, con humor y emoción a partes iguales. Hubo guiños a Ebb & Flow, pero el repertorio se centró en presentar el nuevo disco de principio a fin. Uno de los momentos clave llegó con “Somebody’s Child”, cuya historia emocionó a toda la sala; tampoco faltó la intensidad de “Mystery” o “No More Goodbyes”. La energía de “Send Me a Line” o “Aquarius” terminó de redondear un concierto cuidado al detalle, con la banda brillando junto al piano y la voz de Owen.
Entrevista
—¿Cómo ha evolucionado respecto al anterior disco y qué ha supuesto para ti?
El disco se fraguó en carretera en 2014 con Leland Sklar y Pedro Segundo. Yo ya había empezado a componer y los tocábamos en el autobús. Tenía grabada en Londres “Somebody’s Child”; Steve Lee pensó que era un gran tema y se convirtió en la plantilla del álbum. Este disco mira más hacia afuera: no tiene la introspección de Ebb & Flow. Habla de las prisas y de lo que olvidamos —amor, planeta, personas sin techo—: hay que recordar lo importante del momento.
—¿Cómo te ha cambiado personalmente?
Es un disco más extrovertido. No puedes ser artista sin introspección, pero aquí hay crecimiento emocional y bienestar: ahora veo el mundo alrededor. En los dos últimos discos estaba triste, pero había vida y alegría; en este hay celebración, salud y la sensación de encontrarte bien. Anoche toqué desde una alegría por encima de la tristeza —muy distinto a estar triste—.
—¿La canción más personal y la más enérgica?
La más personal: “No More Goodbyes”, dedicada a mi padre. Trata del dolor y del alivio de despedirte para siempre: no habrá más despedidas. La más enérgica: “Wek event”, un tema jazzístico de letra muy intensa; me siento funambulista en la cuerda. También “Aquarius”: sorprende y deja al público eufórico.
—¿Cuándo sabes que un tema está listo?
Cuando suena completo y me conmueve. Escribo muchas canciones que no entran; si la canto y me mueve, la toco con contrabajo, bajo o chelo y lo grabo. Si entonces funciona, sé que gustará. Cada corte debe tener belleza o fuerza —no creo en los rellenos—. Son pequeñas óperas, viñetas de la vida. “Somebody’s Child” tiene ganchos y melodía; incluso en versiones como “More Than This” busco un significado propio. “Aquarius” hace reír y contagia su alegría.
—En la anterior charla citaste Helsinki como concierto especial. ¿Alguno reciente?
Uno cerca de Frankfurt, en un castillo, con cuarteto de cuerda: increíble, de cuento. Y anoche, en Galileo, fue precioso: gran sonido y público especial; “No More Goodbyes” fue de lo mejor que he hecho. Volveré. Al público español no le asusta la pasión ni el corazón; además, pilla mi humor y me encanta hacerle reír.
—Si tu vida fuese una película, ¿cuál sería?
No la he visto aún, así que tendré que hacerla (propondré a Scarlett Johansson para interpretarme). Probablemente antes escriba un libro con música: mi vida ha sido dolorosa pero interesante, y muchos se reconocerán. Empecé al preparar mi biografía y merece seguir. La música sería la banda sonora: lees un capítulo y escuchas una canción.
Esther Soledad Esteban Castillo, Madrid

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