“La diatriba del perro” llega al Teatro del Barrio

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 La diatriba del perro, una obra que mira la violencia machista desde los victimarios, los tíos. Desde la masculinidad como inicio del conflicto  

Una obra escrita por Cristina Fallarás, dirigida por Rubén Romero e interpretada por Sato Díaz, que se estrena tras una residencia artística en Teatro del Barrio

El próximo 12 de abril, tras una residencia artística de la compañía en Teatro del Barrio, se estrena en este escenario La diatriba del perro: un título con firma de Cristina Fallarás, dirección de Rubén Romero e interpretación de Sato Díaz. Cuenta la historia de un presentador de televisión acusado en redes sociales de acoso sexual a una trabajadora, una joven periodista que trabaja en su programa. La vida se convierte en un infierno para él, que hasta el momento pasaba por ser un aliado del feminismo. Se trata de una propuesta escénica sobre la contradicción y el conflicto que conlleva hoy la masculinidad. Una obra incómoda, provocadora, audaz, que nos sitúa en la encrucijada de adoptar el punto de vista del agresor, y explora temas como el poder y la verdad.

La residencia artística realizada en Teatro del Barrio se ha prolongado durante varios meses de 2025. Pero todo comenzó en 2023, cuando Sato Díaz y Cristina Fallarás hablaron del tema que da lugar a la obra. Unos meses después, y tras varios encuentros, el texto estaba listo. El proceso posterior ha sido intenso, de idas y venidas, de viajes, de fines de semana aprovechando el tiempo al máximo y combinándolo con otras obligaciones (ya se sabe, la vida en el teatro independiente). “Escribí La Diatriba del perro por encargo. Sato Díaz me propuso que le escribiera un monólogo de un hombre desde la mirada de la violencia machista”, explica Cristina. Y “ridiculizar a un aliado me parecía una tarea demasiado facilona”, añade. «Dejé que ese hombre (que aún no era nada) se me plantara delante. Digamos que ‘esperé’ a que viniera. Y lo que vino fue un agresor señalado socialmente. Conozco a varios. Me refiero a que he tenido relación personal con ellos”. Así terminó haciendo algo que no había hecho antes, “ponerme en la piel de un macho protagonista único, y dejarle hablar”. Imagina que “es lo que han hecho ellos siempre, durante toda la historia de la Literatura, con sus personajes femeninos. Sólo puedo decir que no fue un proceso fácil, y que en un par de ocasiones pensé en dejarlo”. La Diatriba del perro aporta, así, “lo que veo, y en cierta manera lo que no veo pero siento, al mirar un mundo que me revuelve, el de las masculinidades supuestamente heridas”.

Para Sato Díaz, la obra «generará polémica y, por tanto, debate. Sobre la masculinidad, sobre los feminismos, sobre la violencia. Si es así, misión cumplida”. Para Rubén Romero, La diatriba del perro ha supuesto «no partir del juicio ni de la absolución, sino de la exposición: poner un cuerpo en escena que intenta entender qué significa asumir una herencia cultural que ya no puede sostenerse sin conflicto”. Considera esta experiencia “una oportunidad para explorar, tal y como se dice el texto de la obra, la ‘funda de macho’ que la cultura adhiere a la piel hasta confundirse con el ser, procurando huir de la moraleja fácil y abordar la ambigüedad de la condición humana”. El objetivo, expresa, “no es ofrecer respuestas ni posicionamientos cerrados, sino generar un lugar de fricción con el público y, a partir de ahí, catalizar reflexiones. Supone un ejercicio de equilibrismo ético y artístico”, donde el principal reto “ha sido evitar el tropiezo con la ilustración y el subrayado ideológico. Trabajar desde la complejidad de los grises sin caer en la neutralidad, y sostener la tensión entre responsabilidad individual y construcción colectiva”. Conseguir, en definitiva, que la escena  funcione “como un espacio de observación (y casi interacción) más que de representación: algo ocurre delante de nosotros y no puede resolverse fácilmente”. Para Sato Díaz, “representar a este personaje para mí es complejo. Creo que hace años que me alejé de esta masculinidad hetera y testosterónica. Sin embargo, en el proceso de ensayos, pronto la he recordado. Es normal, es lo que hemos mamado”.

Esther Soledad Esteban Castillo

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