Entrevista a Anabel Alonso por “La Mujer Rota”

En el camerino del Teatro Infanta Isabel, todavía resuena el eco de las funciones en Bilbao y Vitoria. Anabel Alonso llega sonriente, con esa energía que siempre la acompaña, pero también con el brillo sereno de quien ha superado un nuevo reto. La mujer rota, el texto de Simone de Beauvoir que lleva a escena bajo la dirección de su pareja, Heidi Steinhardt, le ha supuesto un desafío que define, entre risas, como “un auténtico crossfit actoral”.

“Estrenamos en mi tierra, en Bilbao, y eso ya añadía un plus de nervios”, confiesa. “La acogida fue estupenda. Todo apunta bien y estamos muy contentos”.

El proyecto nació de una búsqueda compartida: “Heidi y yo queríamos hacer algo que no implicara a mucha gente, algo manejable pero potente. Ella había leído La mujer rota, y cuando me pasó el texto pensé: madre mía, esto hay que hacerlo. Nunca se había llevado a las tablas, pero tenía todos los ingredientes”.

Y así, de la complicidad entre ambas, surgió este montaje que lleva la firma de dos mujeres que creen en el teatro como territorio de pensamiento. Alonso no solo protagoniza la obra, sino que también la coproduce. “Eso me gusta —añade—, porque cuando ya llevas tiempo en esta profesión puedes propiciar que las cosas sucedan. No tienes que esperar a que te llamen; puedes crear tus propios proyectos.”

El caos en voz alta

El monólogo que interpreta Anabel está escrito sin puntos ni comas. Simone de Beauvoir quiso reflejar el torbellino mental de una mujer que se desmorona en una noche de fin de año. “Es un texto para ser leído, no para ser representado”, explica la actriz. “Tuvimos que ordenar ese torrente de pensamientos para poder llevarlo a escena, y además… ¡para poder respirar!”, bromea.

Con una mezcla de humor y vértigo, define la experiencia como “un entrenamiento extremo”.

“Es un crossfit actoral. No solo por la cantidad de texto, sino por la velocidad, la energía, las emociones. Muriel no para quieta ni un segundo.”

El trabajo con Steinhardt, su mujer y directora, ha sido intenso y revelador. “Nos conocimos trabajando, de esa admiración surgió todo. Ella ha construido todo el universo de la obra desde cero, porque el texto no tiene acotaciones ni descripciones. Ha hecho un trabajo precioso.”

Un oficio que sigue latiendo

A punto de cumplir 60 años, Alonso confiesa que sigue encontrando en el teatro su lugar de desafío.

“Yo creo que este es uno de los papeles más difíciles de mi carrera. Pero eso es lo bonito de este oficio: desaparecen unos personajes, pero aparecen otros. Y mientras haya ilusión, quiero seguir.”

Entre función y función, la actriz se permite pequeñas pausas que la devuelven a lo esencial: “Me gusta pasear sin rumbo por Madrid, entrar en librerías, museos… cosas sencillas que casi nunca hago.”

Cuando se le pregunta qué le diría a Muriel, la protagonista que encarna, responde sin dudar:

“Le diría que salga de esa casa. Que viaje, que viva. Que no se quede atrapada en esa noche interminable.”

Confianza, humor y mirada propia

Anabel Alonso siempre ha sido una mujer que combina humor con lucidez. Lo demuestra cuando reflexiona sobre la autoría femenina y el legado de Beauvoir: “Es una pensadora enorme, muchas veces eclipsada por ser ‘la mujer de’. Pero su mirada sigue siendo actual y necesaria.”

Y también cuando da un consejo a quienes empiezan en la interpretación:

“Que confíen en sí mismos. No hay nadie como tú. Los habrá mejores o peores, pero como tú, ninguno.”

Antes de despedirse, sonríe con ese brillo que la caracteriza. “El teatro tiene eso de irrepetible. Cada función es distinta. Mañana haré la misma obra, pero no será igual.”

Y así es Anabel Alonso: vital, comprometida y libre. Una actriz que, como La mujer rota, sabe recomponerse con cada función. No os perdáis este gran monólogo de una gran autora y hecho con un trabajo metódico y con mucho amor.

Esther Soledad Esteban Castillo

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