
Información
Texto
Roland Schimmelpfennig
Dirección
Ánxeles Cuña Bóveda
Reparto
Fina Calleja
Fernando Dacosta
Sabela Gago
Fernando González
Fran Lareu
Producción
Duración
1 h 10 min
Lugar
Sala Juan de la Cruz

Ficha artística
Texto: Roland Schimmelpfennig
Dramaturgia y dirección: Ánxeles Cuña Bóveda
Reparto: Fina Calleja, Fernando Dacosta, Sabela Gago, Fernando González y Fran Lareu
Traducción al castellano: Albert Tola
Escenografía y videoarte: Iris Branco
Iluminación: Laura Iturralde
Vestuario: Ruth Díaz Pereira
Asesoramiento de movimiento: Rut Balbís
Asesoramiento de texto: María Peinado
Espacio sonoro: Renata Codda Font
Composición musical: Vadzim Yuknhevich
Realización vestuario: Santos Salgado
Realización escenografía: Carlos Domínguez
Fotografía: Rubén Vilanova
Grabación en DVD: Alba V. Carpentier
Técnicos de luz y sonido: José Bayón / Rubén Dobaño
Diseño gráfico: Peatón Gráfico
Comunicación: Alberto Ramos
Producción: Fina Calleja
Distribución: Culturactiva y Sarabela Teatro
Distribución fuera de Galicia: Carlos M. Carbonell – Crémilo
Producción: Sarabela Teatro
Con la colaboración de: Goethe Institut
Con 40 años de actividad ininterrumpida, la compañía de teatro más veterana de Galicia, Sarabela Teatro presenta El Dragón de Oro, una tragedia contemporánea performática con tono grotesco de Roland Schimmelpfennig, el autor alemán vivo más representado a nivel internacional.
Una comedia trágica que aborda temas candentes en el debate social como la inmigración ilegal y la prostitución forzada. Con humor fino y uniendo fantasía y realidad, cinco actores enfrentan el reto de interpretar 17 personajes, en 48 escenas de ritmo frenético que transcurren en 70 minutos. El Dragón de Oro es una propuesta impactante, innovadora y lúdica que cuestiona y refleja las peculiaridades del teatro, abriendo los poros de la piel y de la conciencia. Una obra que desafía, conmueve y causa impacto, sumergiendo al público en un universo fascinante, muy peculiar y armónico.
Sobre la obra
Una noche, en un edificio de varios pisos, en algún lugar de Europa: un joven chino sufre un fuerte dolor de muelas en la cocina del restaurante de comida rápida tailandés-chino-vietnamita El Dragón de Oro. No tiene permiso de residencia, ni dinero y no puede ir al dentista. El joven tampoco encuentra a su hermana desaparecida. Los compañeros deciden arrancarle la muela. A la historia de este joven se suman otras de los muchos residentes que viven en el edificio.
Intercalada entre escenas se encuentra la fábula de la cigarra (que en verano no guarda nada) que le pide a la hormiga que la alimente durante el invierno. Ella acepta y la obliga primero a trabajar gratis y después a la prostitución; la cigarra soporta hasta que una vieja hormiga (el abuelo) le arranca las antenas, y más tarde una joven hormiga (el novio) la dañará gravemente.

Crítica
El Dragón de Oro nos deja una bonita parábola teatral donde se muestra una situación muy actual, expresada desde un tono cercano y humorístico, pero a su vez lleno de verdad y de melancolía reflejando a la sociedad actual y los problemas que enfrenta. Un texto de Roland Schimmelpfennig que no pasará desapercibido entre los asistentes.
Estamos ante un retrato hecho desde una cocina asiática donde se gestará una receta muy complicada: donde con el corazón de por medio, un diente mal avenido y un deseo por regresar a una tierra y reencontrarse con unos amores perdidos, llega esta función al Teatro de la Abadía como reflejo y espejo de nuestro tiempo.
Con un ritmo muy bueno y original donde se hace una mezcla de lectura dramatizada con la propia actuación, los actores y las actrices en un trabajo muy coral y apasionado, nos dejan esta historia desde diferentes puntos de vista e interpretando a varios personajes a su vez con varias perspectivas e identidades.
El elenco formado por Fina Calleja, Fernando Dacosta, Sabela Gago, Fernando González y Fran Lareu se entrega de principio a fin en un trabajo muy extenuante, donde a pesar que en ocasiones observan la acción externamente desde un lado del escenario, no dejan de estar activos y presentes en ningún momento, todo ello formando parte de un engranaje invisible.
Ánxeles Cuña Bóveda da su toque personal a este texto donde dará la oportunidad de hablar a voces invisibles e historias que a menudo no conocemos, y tristemente suceden mucho más de lo que podemos imaginar.
Una cocina, unos insectos, unas azafatas, un viaje trasatlántico, comida asiática y hasta cuartos muy oscuros donde el poder y la bebida hacen un cóctel que a veces parece molotov, se hace una reflexión muy certera sobre el desarraigo, la propia identidad, el conocerse a uno mismo y no traicionarse, la explotación… todo con toques de humor negro que hacen más fácil el poder digerir este texto que te toca el corazón sin pedir permiso.
El silencio, a menudo, puede más que las palabras. El tono contenido de la obra puede ser la clave, teniendo en cuenta también su tono poético que destaca en la propuesta. Una escenografía sencilla y versátil creada por Iris Branco, el vestuario por Ruth Díaz Pereira y con una iluminación de Laura Iturralde y una música que consigue cumplir su función pero sin exagerar, tenemos una propuesta que impacta por su verdad.
El espectador al abandonar la sala, sin duda se va con una reflexión a flor de piel e innumerables preguntas que hace que te hierva la sangre y a su vez, te emociona por la humanidad que sigue moviendo un mundo que a veces resulta difícil de comprender. No dejéis de visitar el teatro de la Abadía y poder descubrir esta propuesta.
Esther Soledad Esteban Castillo
