Crítica de “El Dios de la Juventud”

EL DIOS DE LA JUVENTUD

  • Miércoles a domingos a las 19:30h.
    02 jul 2025 Preestreno
  • Duración: 100 min
  • Sala principal

UN JUEGO METATEATRAL EN UN RETRATO DE LA JUVENTUD EN EL MOMENTO DE DAR EL SALTO AL MUNDO ADULTO

Una obra existencialista y parcialmente trágica, donde el ego del joven artista y su patética lucha por la resistencia están en el punto de mira.

Un grito de una generación a la que se la ha prometido un éxito ficticio y narcisista, y que debe volver a encontrar la autenticidad y el sentido único de su existencia.

PRECIO

  • Platea: desde 16€
  • Anfiteatro y palcos: desde 12€

Miércoles día del espectador.
Gastos de gestión: 2€

SINOPSIS

Concluida su obra más perfecta, Amalia se entrega irrevocablemente al suicidio. En ella constata que no tiene sentido seguir viviendo cuando ya solo queda envejecer. Sabe que nunca podrá escribir nada mejor y ha decidido ser consecuente y suicidarse. Antes de que esto ocurra se encuentra con Mateo, un joven idealista que ha caído perdidamente enamorado de ella. Juntos compartirán un viaje en tren.

Eso está escribiendo Gonzalo, el verdadero protagonista de esta doble ficción. Un joven soberbio y apasionado que se ha perdido a sí mismo intentando terminar su obra. Obsesionado con la muerte, la juventud y  el amor, se enfrentará a una madre que no lo entiende, a un amigo al que quiere tanto como desprecia, a una hermana que supera su propio talento, a un mundo al que no pertenece y, sobre todo, a sí mismo. Un tránsito dantesco, desde una perspectiva contemporánea llena de humor, por los infiernos que atormentan a las nuevas generaciones.

FICHA ARTÍSTICA

Dramaturgia y dirección: Alma Vidal
Reparto: Marta Poveda, Antonio Hernández Fimia, Natalia Llorente y Nacho Almeida
Escenografía e iluminación: Iván López-Ortega
Asesoría artística: Yayo Cáceres
Ayudante de dirección: Violeta Nêmec
Música original: Marc Servera
Coreografía: Paula Degado
Diseño gráfico: Antonio Hernández Fimia
Fotografías: Jesús Romero de Luque
Regiduría: Violeta Nêmec
Diseño de producción: Alma Vidal
Ayte. Producción: Elena Garay
Prensa: María Díaz
Distribución: Meditea (Ginés Alberto Sánchez)

Crítica 

El Dios de la Juventud llega al teatro Pavón con una historia cargada de reflexión, amor al teatro en todas sus formas, un análisis de la vida en muchos de sus mundos y un reparto que llega pisando fuerte en el escenario.

Alma Vidal nos trae una obra muy enérgica, fiel al estilo de las propuestas que suelen pasar por el teatro Pavón. Una obra muy coral, con una energía muy filosófica que nos hace replantearnos nuestra vida desde la juventud al futuro más imparable, el fugaz paso de la belleza y la vitalidad, los sueños truncados, el significado relativo del éxito y cómo nos van afectando los sucesos más relevantes a nuestra vida.

Un drama que también tiene mucha comedia y que funciona con el público, con números arriesgados muy modernos que rompen el ritmo de la obra y pueden llegar a sorprender para muy bien o desconcertar a según qué tipo de espectador. Iván López-Ortega realiza un trabajo muy notable con la escenografía y la iluminación, al igual que Paula Delgado con la coreografía o Marc Servera con la música original.

Un reparto muy expresivo y polivalente que se devuelve de forma estupenda en cada registro, interpretando ivarios personajes a la vez, casi sin respiro. Antonio Hernández Fimia nos deja un personaje que rompe con todo mientras se rompe a sí mismo, bautizado con la energía y el poder de su actor. Marta Poveda destaca también por su presencia escénica y sus tablas, que consigue coronarse con este personaje tan complejo y con el que a la vez es tan fácil identificarse. 

Natalia Llorente y Nacho Almeida nos consiguen sorprender y sacar más de una sonrisa, cambiando de registro con fluidez y naturalidad y siendo un peso muy importante en la función. 

Un tren que pasa y que no deja tiempo para reflexionar sobre la oportunidad venidera, que podemos escoger y subirnos o resignarnos a la idea de dejarlo pasar. Un amor que puede llegar y romper todas nuestras ideas y convicciones o esa familia que tanto puede apoyarnos o bien desesperarnos, pudiendo llegar a provocar en nosotros un mar de ansiedad.

La reflexión sobre la figura del dramaturgo y sus personajes, el fino hilo que separa la realidad de la ficción y cómo la vida a veces puede superar cualquier tipo de fantasía.

Una obra especial, diferente y que arriesga y pone de su parte para sorprender y quedarse en el espectador. El dios de la juventud, del teatro y de la vida: solo para nuestros ojos.

Esther Soledad Esteban Castillo 

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