Entrevista a Juan Paños por “La Patética”

Con motivo de su participación en La Patética de Miguel del Arco, que se está representando ahora en el Teatro Valle-Inclán de Madrid por parte del Centro Dramático Nacional, me he podido reunir con el actor Juan Paños para hablar sobre este proyecto y poder conocerle mejor.

A continuación os dejo la entrevista, no os la perdáis:

  1. ¿Cómo recuerdas el momento en que decidiste dedicarte a esta profesión y cómo describirías todo lo que has vivido hasta día de hoy?

De niño era mago. Empecé con doce años a hacer magia y así empecé a pisar el escenario sin una perspectiva tan directamente teatral. Y gracias a que pude trabajar bastante de mago, pude empezar a estudiar teatro y ahí descubrí que ese era el sitio en el que quedarme. No he trabajado de otra cosa y ni recuerdo tener que “tomar la decisión” de dedicarme al teatro. Si tenía puesta la atención en otras cosas además del teatro, fueron quedándose atrás poco a poco.

En la escuela de teatro aprendí a tener iniciativa creadora, además de poder asumir trabajos de actor para los que me llamaban, y eso ha sido muy importante en este tiempo que llevo trabajando: no he tenido la sensación de esperar a que me llamen para trabajar porque, cuando he tenido el hueco en la agenda, he podido hacer las cosas que quería con la gente que quería (con las amigas, vamos). Y, afortunadamente, las obras que he hecho por mi lado han tenido recorrido y también han abierto otros caminos. Así fue con Rámper: vida y muerte de un payaso, de Imanol Ituiño, un monólogo que Imanol y yo ensayamos y creamos durante años y luego pudimos girar también durante años. Y así fue también con Electra, de Fernanda Orazi, que surgió por el mero placer de trabajar juntos y hemos podido estar haciendo la obra durante los últimos dos años.

  1. ¿Un consejo que le darías a tu yo del pasado y uno a tu yo del futuro?

(Risas) La verdad es que creo que me gustaría más recibir un consejo de mi yo del pasado y otro de mi yo del futuro. Me imagino que mi yo del pasado me hablaría de entusiasmo y mi yo del futuro me hablaría de tranquilidad.
Pero yo les diría a los dos lo mismo: que se rodeen de gente y vayan a sitios donde haya alegría y calma.

  1. ¿Cuáles han sido tus referentes y qué obras te han ido marcando o qué actores, actrices, directores…?

Por mi experiencia soy más espectador que actor de teatro. Ir al teatro es una de las mejores costumbres que tengo y que mejor me hacen. En este momento pienso mucho, por ejemplo, en cómo me impactó La función por hacer de Miguel del Arco. Por eso es tan emocionante estar ahora haciendo La Patética con él. Y siempre me ha pasado que he admirado mucho a mis maestros (Mar Navarro, Fernanda Orazi, Ernesto Arias…), y he admirado mucho el trabajo resistente de compañía (Teatro en Vilo, Nueve de Nueve Teatro, Los números imaginarios, La Zaranda…). Pero, en general, me relaciono mucho con la admiración sin pudor. Me admiran muchísimas cosas y personas.

  1. ¿Hay algún proyecto del pasado que quisieras repetir, revisitar o darle una vuelta a algún personaje del pasado o bien haber tenido la oportunidad, en un universo paralelo, de sentarte a hablar con él y poder hacerle preguntas o darle algún consejo?

En la obra que Imanol y yo estrenamos de Rámper: vida y muerte de un payaso, contábamos la historia real del payaso Rámper, que fue muy, muy famoso en España en los años 20 y 30 y hoy apenas recordamos. Es una obra en la que pienso mucho y que siempre quiero hacer. La estrené con 22 años y me encantaría no dejar de hacerla nunca. De alguna manera es también una obra para poder “hablar” con (o de) Ramón Álvarez Escudero, y de su historia. Hay algo en el oficio del payaso, en esa esencialización del trabajo de la actuación, que me interesa mucho y, siempre que entro en contacto con eso, aprendo.

  1. ¿Cómo podrías definir la aventura que estás viviendo con “La Patética”? ¿Hay algo que te gustaría rescatar de este proyecto para repetir en el futuro?

Trabajar con Miguel del Arco ha sido un descubrimiento precioso, me ha parecido un director total que sabe abordar con muchísima inteligencia y sensibilidad la puesta en escena y, al mismo tiempo, el trabajo con el actor. Y, por otro lado, tengo la suerte de que tengo unos personajes que son un regalo de interpretar en esta obra: por lo distintos entre ellos, por lo distintos de mí mismo, y por la emoción que mueven en esta historia que contamos en La Patética. También hay algo que tiene que ver meramente con lo laboral que me hace sentirme muy afortunado. Es un privilegio trabajar con un equipo tan profesional y talentoso, y no hablo solo de los actores: llegar cada día al teatro y estar acompañado y tan cuidado por mis compañeras técnicas hace que el trabajo de interpretar personajes sea una labor colectiva, por cómo me acompañan vistiendo, peinando y maquillando a los personajes de Putin o Samu.

  1. ¿Qué crees que sentirías si asistieses como espectador a ver la obra sin tener nada que ver con ella?

Siempre me es complicado imaginarlo desde fuera conociendo tan bien el esqueleto. Pero, a la vez, me pasa que yo me siento espectador (desde dentro) de muchos momentos de la obra. Así me pasa que ya veo con admiración muchísimos hallazgos de la puesta en escena, de las actuaciones de mis compañeros, o del engranaje tan preciso para que haya transiciones imposibles resueltas con elegancia. Eso, además de que conecto mucho con el humor de la obra, con la alegría en mitad de la oscuridad. Esa mirada de Miguel, que permite reírse de la muerte por haberla mirado durante un rato, me apela como actor y estoy seguro de que me aludiría como espectador.

  1. ¿Cuál está siendo el mayor placer y cuál el mayor desafío de formar parte de esta función?

El placer es sin duda el de salir cada noche a jugar con mis compañeros, lo estamos pasando muy bien juntos, y pese a que a nivel técnico es una función exigente, cada vez tenemos la mirada más abierta a lo que pueda pasar o a seguir buscando el matiz en sitios que no conocíamos. Y creo que el desafío para mí tiene que ver con la repetición. Estamos muchas semanas en cartel y hay que buscar algo que puedas repetir sin alterar, pero a la vez sin agotarlo y sin darlo por conocido.

  1. ¿Qué descubrimientos culturales has hecho últimamente que nos puedas recomendar?

Cuando estoy trabajando en el teatro siempre echo mucho de menos ser espectador de teatro. Pero el otro día, por estar en la sala pequeña del mismo teatro donde estoy trabajando, pude colarme a ver Los brutos antes de que empezara nuestra función. Me gustó muchísimo. Me gustó su austeridad y, a la vez, su complejidad en la dramaturgia, y la precisión de las interpretaciones. Y, por otro lado, estoy enganchado a una banda estadounidense que se llama “Yo La Tengo”, y me acompañan mucho como banda sonora desde hace unas semanas.

  1. ¿Cuál sería tu plan perfecto para el día a día?

La verdad es que no tengo un plan perfecto para el día a día y supongo que eso es ya en sí mi respuesta: que no haya un plan en mi día a día es para mí perfecto. Pero sí que persigo para mi rutina cosas muy importantes para mí: comer rico, dormir bien y aprender cosas nuevas. Es la exigencia de un bebé cualquiera, pero también la mía (risas).

  1. ¿Un sitio de tu ciudad que sea especial para ti y me puedas recomendar?

Suelo ir a veces a la Casa de Campo y me gusta especialmente pasear cerca del Pinar de las Siete Hermanas. Hay un atardecer hermoso ahí.

  1. ¿Algo más por aportar o añadir a la entrevista que quieras añadir y no te haya preguntado?

Nada más. Que muchas gracias por vuestro interés.

Esther Soledad Esteban Castillo

Deja un comentario