Hoy os traemos la entrevista a Simon Hureau con motivo del lanzamiento de El Oasis. A continuación os dejamos más información sobre la obra y en la entrevista podréis conocerle mucho mejor.
Cuando Simon Hureau y su familia se mudan a su nueva casa, el jardín es un triste trozo de césped rodeado de setos lóbregos y árboles cansados, un lugar donde los insectos y los pájaros brillan por su ausencia. Con el objetivo de restituir al planeta una parte de lo que este nos ofrece día tras día, el autor se propone devolver la vida a este pedazo de tierra. Sin formación específica, a través de intentos de todo tipo, con sus aciertos y sus errores, pero, sobre todo, con mucho humor y bien armado de paciencia, Simon nos hace testigos de una verdad universal que, sin embargo, a veces olvidamos: cuando el ser humano y la naturaleza cooperan, la biodiversidad y la belleza surgen en cada rincón, y son imparables.
«Este libro es un abrazo, una inmersión, una primera toma de contacto, un descubrimiento: es maravillarse ante la vida en todas sus múltiples e increíbles expresiones. Es una lección vital». Del prefacio de Gilles Clément, ingeniero agrónomo, paisajista, escritor, jardinero y profesor de la Escuela Nacional Superior de Paisaje en Versalles
«Un ensayo gráfico sorprendente, fascinante y educativo que se basa en la propia experiencia de Simon Hureau en la remodelación de su jardín. […] Con sus pruebas y errores, consejos sobre el cuidado del jardín, y mucho humor, este cómic consigue que sus lectores deseen cambiar sus hábitos de jardinería buscando un trocito de tierra con el objetivo de restaurar
la biodiversidad. […] El dibujo en acuarela es cautivador». France Info
«El oasis explora la inmensidad de la naturaleza a pequeña escala. El autor francés Simon Hureau relata la paulatina llegada de la inmensa biodiversidad a su nuevo y pequeño jardín. Una auténtica delicia». 24 heures

- ¿Cómo recuerdas el momento cuando entraste a formar parte de la la École Supérieure des Arts Décoratifs de Estrasburgo?
Fue algo muy excitante porque por primera vez dejaba mi ciudad natal y encima para ir a una región muy distante de Normandía, a Alsacia, que está en la otra punta de Francia. Me encontré en un sitio muy exótico con nuevos compañeros de clase que procedían también de varias zonas de Francia y todos éramos apasionados por la narración gráfica y el dibujo, y el cómic sí que ocupó un sitio muy importante durante el año de estudios, con una sección de ilustración.
Los estudiantes solían decantarse luego para la ilustración para libros infantiles, pero nosotros, en aquel entonces, veníamos muy enfocados al cómic y empezamos a hacer fanzines juntos, íbamos a serigrafiar portadas en talleres, hicimos muchas cosas juntos, yendo los fines de semana a los festivales a enseñar nuestras producciones: fueron unos años mágicos que me gustaron mucho. También fueron importantes porque allí fue donde conocí a un compañero que organizó un viaje de fin de carrera a Camboya con tres estudiantes para realizar allí un proyecto de 7 u 8 meses, lo cual me brindó la oportunidad de visitarlos y para mí fue un viaje iniciático ya que de allí salió mi primer libro para contar aquel viaje.
Fue el inicio de una cadena: el hecho de contar un viaje hizo que luego circulara en festivales en “cuadernos de viajes”, conociendo a otros viajeros dibujantes, y de allí creamos una asociación de cuadernistas que nos permitió realizar viajes juntos.
Cuando salí de las Artes Decorativas, nadie nos estaba esperando y cada uno tenía que buscar su propio camino, pero al mismo tiempo, un movimiento ya se había iniciado y sí que fueron unos años bonitos los que estuve en Estrasburgo.
- ¿Cómo fue el momento en que decidiste dedicarte a esta profesión?
Siempre he dibujado: creo que todos los niños dibujan pero que a partir del colegio, lo dejan porque lo que dibujan no les satisface. Yo en cambio seguí dibujando y eso que el oficio de autor de cómic no era un oficio del que se hablaba mucho; ni siquiera se consideraba como una profesión, pero a mí me hacía soñar y me gustaba la idea de contar unas historias como un escritor, pero también con unas imágenes. Mis padres me decían: ¿no sabes lo que quieres hacer en el futuro? ¡Métete en la vía científica que te lleva a todo! Por ello, seguí su consejo e hice un bachillerato científico sabiendo que no era mi sitio. Pero el hecho de tener un rigor científico me ayudó luego para desarrollar un método de puesta en escena y de narración. El dibujo puede ser muy libre, y uno puede verse desbordado por la inspiración o la poesía, pero a la hora de contar una historia, se requiere cierto rigor. Tras unos estudios en la Universidad que no me gustaron demasiado, entré en Bellas Artes de Caen, en Normandía, pero en Bellas Artes no gusta el dibujo, sino que se busca más bien algún concepto.
Seguí dibujando para mí, sin enseñar allí lo que estaba haciendo. Pero al menos había una clase de dibujo clásico muy interesante con modelos y bodegones, con una profesora muy buena que me enseñó a organizar una composición para que funcionara por su estructura, cosa en la que nunca había pensado antes.
- ¿Cuáles han sido tus referentes o las obras que te han marcado a lo largo de tu vida?
Intento permanecer poroso a todas las influencias y las prácticas y cuando estoy en una ciudad nueva, si veo una tienda de materiales de dibujo, entro para ver si descubro algún lápiz que no conozco. Nunca he tenido una única manera de dibujar. Nunca pensé que tenía que buscar mi estilo porque me da miedo encerrarme en algo, prefiriendo permanecer abierto a lo que pueda suceder y me gusta descubrir nuevas herramientas. Por eso practico el cuaderno y el croquis porque te permiten probar nuevas técnicas, un nuevo lápiz: no pasa nada, uno se puede equivocar. Puedo estar en otro país y descubrir cosas: en Groenlandia, aprendí que las acuarelas se congelaban en el pincel creando una especie de sorbete, en Namibia, intenté dibujar con lodo, con bayas exprimidas. Me gusta experimentar porque la práctica del dibujo se nutre de todo esto para luego centrarse en unas prácticas que queremos desarrollar más. Respecto a mis influencias, tengo muchas lo cual hace que no tenga un estilo muy característico. Es difícil ponerme una etiqueta como el Mainstream o de lo alternativo Underground.
Navego entre dos aguas, porque tengo unas influencias muy diversas, en pintura sobre todo: al llegar a Madrid, lo primero que hice fue irme al museo del Prado para volver a descubrir los Goya, los Bosco, los Velázquez que había visto de niño y que quería volver a ver. Y en cómic, también tengo varias influencias: el underground americano con Chris Ware o lo que pasó en Francia con la asociación en los años 2000 con unos autores como Jean-Christophe Menu, David B, Lewis Trondheim, y hoy en día, vivimos una época interesante en el sector del cómic ya que hay muchos autores apasionantes. Soy lector y me gusta que los libros me lleven. Cuando leo un libro, no analizo con una mirada profesional para entender cómo el autor hizo las cosas, saboreo y disfruto del momento.

- ¿Cómo ha sido el proceso de crear “El Oasis” y cómo te sientes ya al verlo en tus manos?
Es un libro especial porque resulta de algo vivido con una base autobiográfica. Durante años, quería hablar del mundo tal y como lo percibía y de mi visión pesimista de cómo lo veía evolucionar, y cuando surgió la idea del oasis, todo ha ido muy rápido: hice un storyboard en 3 semanas y casi era la versión exacta del libro final. Luego, propuse el storyboard a 4 o 5 editores con los que nunca había trabajado y Dargaud me dio una respuesta positiva. Así que también a nivel editorial, todo se ha hecho bastante rápido y finalicé el libro en un año. Cuando se publicó el libro, sentí una gran emoción: cada vez que publico un libro, siento una emoción diferente. Primero la satisfacción de tener el objeto entre mis manos, luego alguna decepción que otra al darse cuenta de que el papel no es exactamente cómo nos lo imaginábamos, o que los colores impresos no salen exactamente cómo pensábamos que iban a salir. Muy pocas veces tenemos entre manos el objeto que queríamos tener. Pero lo importante es que lleguemos a algo que nos guste y que funcione. El libro forma parte de nuestra vida y se nos escapa porque el libro vive dentro de las librerías y volvemos a coincidir con él únicamente cuando vamos a las librerías, a las mediatecas o a los festivales para conocer a sus lectores durante encuentros y firmas. En el caso de El Oasis, es un libro que vive bien. Cuatro años y medio más tarde, siguen invitándome para hablar de él.
- ¿Cuál sería para ti tu oasis particular en tu vida?
El jardín ideal sería un pelín más grande, con biotopos diferentes, con zonas expuestas al sol al estilo mediterráneo, zonas más a la sombra con las plantas del norte de Francia, una zona para el descanso y la meditación, un poco de relieve porque el relieve siempre le aporta algo a un jardín, con terrazas, con un jardín específico en cada nivel. Y por qué no, tener uno o dos jardines secretos escondidos en un acantilado. También me gustaría que el oasis de mi vida tuviese agua. Me gusta mi jardín, pero el agua es importante. Si pudiera tener un pozo o un río, sería maravilloso. Los jardines que me hacen soñar son aquellos que vemos en los cuadros del siglo XVIII, de Hubert Robert o de François Boucher: unos jardines muy románticos con inmensos y muy antiguos árboles, muertos o con ramas muertas, con templos al pie de los estanques o estructuras de piedra donde perderse. Me gusta que haya un rincón un poco oscuro, misterioso en un jardín.
- ¿Qué lugar tienes pendiente por visitar y qué viaje nos compartirías que haya sido especial para ti?
El viaje es una parte importante de mi vida, pero no siempre planeo viajes con el objetivo de contar luego una historia en torno al viaje. Me gusta que la historia que se cuente al volver de un viaje no sea premeditada y partir de un elemento vivido in situ para contar algo luego. El año pasado, me invitaron a participar en un festival y unos talleres en la Martinica, no viví grandes aventuras, pero hubo un día lo suficiente rico para convertirlo en un relato en la revista Carnets d’ailleurs (cuadernos de la otra parte). En la revista, también hice 10 páginas de cómic en torno a un día que viví en Groenlandia. Puedo haber soñado con países y destinos, pero nunca es allí adonde voy al final de cuentas. Los lugares a los que viajo siempre son lugares con los que no había soñado. Llegué a Namibia sin pensar que algún día iba a viajar a este país: lo mismo me paso con Groenlandia ya que los países del Norte nunca me han atraído. Sin embargo, al viajar allí, tuve un flechazo para con este país. Me gusta lo inesperado, que luego me permite contar relatos. Puede que en 2025 viaje a Camboya, a raíz de una invitación del Institut français de allí. Sería volver al viaje iniciático que tanto me marcó en 2001, 2002.
- ¿Nos recomiendas un lugar especial para ti de tu ciudad?
Vivo en Langeais, una pequeña ciudad de 4000 habitantes a orillas del Loira. En el centro de la ciudad, hay un bonito castillo en el que se casó Ana de Bretaña con Carlos VIII, marcando la unión entre Bretaña y Francia en 1491, a pocos meses del descubrimiento de América. El castillo se merece una visita que se prolonga con el descubrimiento de un bonito parque arbolado con cedros. Y desde el castillo, hay una bonita vista al valle del Loira.

- ¿Futuras retos y proyectos? ¿Algún sueño o campo que tengas pendiente adentrarte?
Puede que viaje a Camboya como dije antes, y si viajo allí puede que traiga alguna anécdota para Carnets d’ailleurs. Como proyecto de libro, tengo pensado hacer Historia de los jardines y otro proyecto con Éric Orsena, en torno al agua, con los ríos que le apasionan desde siempre, con una parte dedicada a los eventos de la DANA de Valencia, como ejemplo de la violencia de los desajustes que vemos y de lo que pueden provocar. Otro proyecto puede que lo haga con el paisajista Gilles Clément.
*Entrevista realizada por David Radin
Esther Soledad Esteban Castillo
