Maggie Smith publica “Podrías Hacer de Esto Algo Bonito”

Podrías hacer de esto algo bonito, de Maggie Smith, una mirada sincera y luminosa sobre el final de un matrimonio y el comienzo de una vida nueva.

«Tu ausencia ha hecho posible la vida que tengo ahora. En ese sentido, gracias. No pedí más dolor, pero lo recibí —enviado por ti— y me cambió. Gracias.» 

En 2018, la escritora y poeta estadounidense Maggie Smith descubrió que su marido tenía una relación con otra mujer. En cuestión de días, la realidad que había construido durante más de veinte años se derrumbó y tuvo que enfrentar no sólo un feroz y costoso divorcio sino también el reto de crear una nueva individualidad y modelo familiar tanto para ella como para sus dos hijos, e incluso la necesidad creciente de cuestionar muchos de los ideales sobre el amor, la pareja, la familia, la crianza o sobre ella misma en los que siempre había confiado. 

No obstante, a través de la escritura, Smith decidió dar paso a un dolor que convirtió en un renovado compromiso consigo misma. La poeta afirma: «Este libro que tienes en tus manos no está alimentado por la rabia, sino por la curiosidad y por un deseo de comprender»Podrías hacer de esto algo bonito, de Maggie Smith, es una mirada sincera y luminosa sobre el final de un matrimonio y el comienzo de una vida nueva.

En esta obra, Smith —que alcanzó gran reconocimiento y popularidad en 2016 gracias a un poema viral titulado Good Bones— traza una reflexión llena de empatía y humor sobre el fin del amor que es también un ajuste de cuentas con la feminidad contemporánea, los roles tradicionales de género y las dinámicas de poder que persisten incluso en las parejas más modernas.

Página a página, a base de pequeños fragmentos de vida, Podrías hacer de esto algo bonito deviene unasdescarnadas memorias afectivas, que nos cuentan cómo, tras la pérdida, podemos redescubrirnos.

«He tenido que adentrarme en la oscuridad, atravesarla, para hallar la belleza», confiesa Smith. El resultado es esperanzador. Esperamos que encontréis inspiradora su lectura. 

«Este libro es un regalo.» Leslie Jamison

«Como crónica de un divorcio y meditación sobre la maternidad, es inquebrantable, revelador y está exquisitamente escrito.» Hannah Beckerman (The Guardian)

«Un libro extraordinario.» Ann Patchett

«Una metadisección del acto de escribir sobre un suceso desgarrador y en carne viva. Es también una excavación, la investigación de un asesinato, un intento de responder a preguntas que en sí mismas son difíciles de articular. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué? ¿Hubo una sola causa? ¿Es posible hacer las paces con lo desconocido?» Sarah Lyall (The New York Times) 

«Las de Maggie Smith son unas de las memorias más potentes que he leído nunca… Este libro me hace ver a las mujeres de mi vida bajo una nueva luz; no porque ellas sean diferentes, sino porque lo soy yo.» Kwame Alexander, Oprah Daily

«Llenas de matices y de una honestidad implacable, las memorias de Smith son un estudio agridulce tanto del dolor como de la alegría.» Time

«Smith recurre a la prosa para explicar el final de su matrimonio, y el duro y hermoso trabajo de quererse y valorarse a sí misma.» People

«Smith abre su corazón como un libro, destacando momentos tanto dolorosos como felices… Smith conjura la belleza a través del dolor y su especial combinación de vulnerabilidad y estímulo caen como una pócima sanadora.» Booklist

Sobre la autora

Maggie Smith

Maggie Smith (1977, Columbus Estados Unidos) es poeta, escritora y editora. Es autora de Lamp of the Body (2005), The Well Speaks of Its Own Poison (2015), Good Bones (2017), Keep Moving: Notes on Loss, Creativity, and Change (2020), Goldenrod (2021) y Podrías hacer de esto algo bonito (2023; Libros del Asteroide, 2024), entre otros. Ha recibido múltiples premios y reconocimientos y sus textos han aparecido en medios como The New York Times, The New Yorker, The Paris Review y The Best American Poetry.

imagen

Fragmentos

«Este libro que tienes en tus manos no está alimentado por la rabia, sino por la curiosidad y por un deseo de comprender. (“Estoy afuera con candiles, buscándome a mí misma.”) Este libro está alimentado por preguntas, muchas de ellas sin respuesta, de modo que son un combustible que arde eternamente.» 

 «—¿Y cómo describirías tu matrimonio? ¿Qué pasó?

Cada vez que alguien me pregunta algo parecido, cada vez que alguien pregunta por mi matrimonio o por mi experiencia con el divorcio hago una breve pausa. Dentro de esa pausa imperceptible, pondero el precio de dar una respuesta cabal. Lo sopeso, comparándolo con el precio del silencio.

—A veces las personas se distancian, sin más —digo. Sonrío, bebo un sorbo de agua. Siguiente pregunta.»  

«Lectora, he hecho una pregunta: ¿veían mis hijos el trabajo de su padre como algo más serio que lo mío porque tenía lugar fuera de casa y porque, a pesar de mi trabajo, yo era la cuidadora principal? Sospecho que la respuesta es sí. Y que, sinceramente, esa percepción podría perdurar.

Pero hay algo que he asumido desde el divorcio: yo también trataba el trabajo de mi marido como algo más serio, más importante que lo mío. Él era el principal sostén económico de la familia. Su trabajo cubría los gastos del día a día y proporcionaba el seguro médico de toda la familia. Podríamos haber salido adelante sin mis ingresos, pero no sin los suyos.

Dime, lectora: cuando una persona gana más dinero que otra en una pareja, ¿es inevitable que se produzca un desequilibrio de poder? ¿Se espera que el cónyuge que gana menos asuma más tareas domésticas? ¿Es ese el trato, explícito o tácito? Los matrimonios se crean en colaboración. Fuera como fuera el nuestro, lo forjamos juntos. Algunas cosas también las heredamos.» 

«La pregunta que no paro de hacerme mientras escribo este libro, la pregunta en la que no me canso de insistir, es la siguiente: ¿cómo puede esta historia, esta experiencia, serles útil a otras personas? ¿Cómo transformar este material en una herramienta que tú puedas usar?

Me respondo a mí misma: la experiencia es instructiva. La gente establece conexiones por sí misma. Cuando yo hago una metáfora, ofrezco la comparación, pero la distancia entre el continente y el contenido debe salvarla quien lee. Yo no puedo llevarte de la mano del uno al otro. No puedo llevarte de la muñeca rusa al yo, ni del barco a la vida; cada cual debe llegar por su cuenta.

Necesito confiar en que puedo entregarte esto, tal como es, y significará algo para ti. Necesito confiar en que sabrás qué hacer con esto.

Toma, cógelo. ¿Es suficiente? Esto es mi material.» 

 «Así lo imagino: Una cicatriz es una historia sobre el dolor, la herida, la curación. Los años también son cicatrices que lucimos. Recuerdo sus historias.

El año en que todo cambió. Preescolar, cuarto. El año de la piña, la postal, el cuaderno. El año de desvelarse sudando y con el corazón desbocado. El año de ser la única adulta de la casa, con un bate de béisbol junto a la puerta y otro debajo de la cama.

O el año en que se dio por finalizado el divorcio. Primero, quinto. Dos casas, dos camas, dos navidades, dos cumpleaños. El año de ¿dónde están tus botas de agua?, estarán en casa  de papá. El año de ¿quién ha firmado la autorización? El año de aprender a cortar el césped. El año de arreglar el cortacésped y desatorar los retretes. El año en que me tatué unos limones. El año de dormir con la perra en vez de con un marido. (La perra ronca más flojito. La perra acapara menos espacio.) El año de tuitear una nota mental a diario para no detenerme. El año en que no me detuve. El año de sobresaltarme en plena noche sin saber si los niños dormían en sus camas o no. El año de despertar por la mañana y tener que recordar si estaban conmigo. El año en que tuve miedo de perder la casa, y el año en que no  perdí la casa. El año en que quise abrir un agujero en el aire y meterme dentro, y el año en que no quise hacer eso en absoluto. El año en que decidí no desaparecer. El año en que decidí no menguar. El año en que viví.» 

Esther Soledad Esteban Castillo

Deja un comentario