Stop Kiss (No más besos): crítica y entrevista a Miriam Vázquez


En esta ocasión regresamos al Teatro Lara para sumergirnos en la propuesta de Stop Kiss (No más besos), una función que llega para hablar de muchos temas más allá de la tolerancia y la identidad sexual. A continuación encontraréis una presentación del espectáculo, una crítica y una extensa entrevista con Miriam Vázquez, una de sus protagonistas.
Sobre el espectáculo
Stop Kiss (No más besos) llega al Teatro Lara para hablar de muchos temas más allá de la tolerancia y la identidad sexual.
No más besos es un auténtico viaje emocional; una historia dulce y llena de aprendizaje que trata cuestiones como el amor, la tolerancia o el deseo de alcanzar nuevas metas.
La obra cuenta la historia de Callie (Patricia Garó) y Sara (Miriam Vázquez), quienes se conocen y se enamoran inesperadamente en la ciudad de Nueva York. Todo comienza como un cuadro de soledad: esa soledad que viven los seres humanos en las grandes ciudades pese a estar rodeados de gente constantemente.
Poco a poco, ambas se sienten, de manera inesperada, fuertemente atraídas la una por la otra y comienzan a vivir un amor diferente, tal vez empujadas por sus respectivas situaciones personales. La atracción va creciendo entre ellas con la incertidumbre y la inocencia de un primer amor… Pero su primer beso provocará un suceso trágico que cambiará sus vidas para siempre.
Reparto (primera etapa)
- Callie: Patricia Garó
- Sara: Miriam Vázquez
- Detective Cole: Óscar Olmeda
- George: Jorge San José
- Peter: Rubén Riera
- Señora Winsley / Enfermera: Ángeles Porras
Equipo técnico
- Dirección: Óscar Olmeda
- Diseño de iluminación: Julio Baó
- Texto original: Diana Son
Crítica
Pocas veces una se encuentra con obras que emocionan tanto como rompen por dentro con su crudeza, con una realidad tan pura como llena de sensibilidad y poesía, y con unas interpretaciones que te envuelven por completo en esta preciosa historia que por fin llega a España.
No más besos es otra de esas historias necesarias que aterrizan en el Teatro Lara. Una función tan obligatoria de ver como importante por el mensaje que transmite: nos recuerda, una vez más, cómo debería ser la sociedad y cómo, lamentablemente, sigue siendo en demasiadas ocasiones.
Enmarcada en la mágica ciudad de Nueva York, conocemos desde el principio la historia de una bonita amistad que se convierte en una historia de amor aún más hermosa, pero que por desgracia no toma el camino que debería. Una situación crucial y devastadora irrumpe en la vida de las protagonistas y rompe por completo el rumbo que parecía estar tomando su historia.
La obra resulta muy amigable, cercana y entrañable, algo a lo que ayuda también el propio espacio escénico y la cercanía con el elenco, que hace que nos sumerjamos de lleno en lo que está ocurriendo sobre el escenario. Es de valorar cómo se muestra la evolución romántica desde el principio de forma sencilla y verosímil: dos personas que quizá jamás habrían imaginado encontrarse románticamente terminan descubriendo una nueva vida juntas. A diferencia de otras obras o películas donde todo sucede demasiado rápido y cuesta creerlo, aquí el espectador avanza a su lado y presencia cómo esa historia de amor florece poco a poco.
Resulta también muy interesante, como tema secundario que no lo es tanto, la relación de amor/amistad que muestran Callie y George, ya existente desde hace años. En su vínculo las tendencias sexuales tienen libertad, y el poliamor forma parte natural de una larga etapa de la vida de la protagonista. Es algo muy de agradecer en cuanto a visibilidad y naturalidad, y no es tan frecuente encontrarlo representado en escena.
También es muy valiosa la forma en que se muestran los sueños de las protagonistas, su proyección laboral y su proyecto de vida, y cómo se contraponen a los prejuicios y a la visión social global que puede influir en nuestra manera de vivir, amar y mostrarnos.
Otro punto a destacar es el toque de thriller y acción que se mezcla con la trama, llevando al público hacia el momento de ruptura principal de la obra, donde entran en juego el resto de personajes y se potencia la tensión dramática.
Por último, hay que subrayar la interpretación de las actrices protagonistas, que destacan por su naturalidad y su enorme química. Nos dejan escenas memorables, como uno de los momentos más estremecedores y delicados: la parte final, donde ambas se abren en un instante de adversidad y, solo a través de los gestos, el contacto y el amor convertido casi en coreografía, con muy pocas palabras, consiguen emocionar de forma impresionante.
No más besos es una de esas funciones que no podéis dejar escapar. Si no la veis, acabaréis lamentando haber dejado pasar estos besos culturales que tanto nos hacen reflexionar.
Nuevo reparto y cambio en las funciones
Nuevo reparto
- Callie: Emilia Uutinen
- Sara: Miriam Vázquez
- Detective Cole: Óscar Olmeda
- George: Iñigo López
- Peter: Rubén Riera
- Señora Winsley / Enfermera: Ángeles Porras
Para quienes ya habían visto la obra, el cambio que supone la aparición de Emilia Uutinen le da otro giro a la historia. Aunque la esencia sigue siendo la misma, al igual que los sentimientos, se incorpora una nueva dosis de naturalidad, espontaneidad y frescura que logra conectar con el espectador desde el primer momento.
Algo similar ocurre con la incorporación de Iñigo López, que llega para aportar otro matiz a la función. Su personaje, pese a no tener un papel muy extenso, consigue poner una nota de positivismo y buena energía en la obra, funcionando como un pequeño respiro dentro de un relato intenso y profundo.

Entrevista a Miriam Vázquez
Recuerdos de Nueva York
Sobre los comienzos de No más besos, no podíamos empezar de otra forma que recordando el año que Miriam pasó en Nueva York. Su aventura comenzó cuando terminó de estudiar en Madrid. Estuvo dos años en la escuela TAI después del instituto y, aunque iba a hacer un tercer año, finalmente se produjo un cambio de planes: le recomendaron otras escuelas, becas… y siempre había querido visitar Nueva York, así que decidió que era el momento.
Tuvo dos profesores que habían estudiado allí y la orientaron sobre cómo comenzar. Se fue con veinte años y recuerda que fue una etapa enorme de cambios: era la primera vez que se iba de casa tan lejos, todo era nuevo y también le sirvió para mejorar el inglés. Cuenta que, aunque entendía las conversaciones, al principio le costaba entrar en ellas, y que el primer mes y medio fue especialmente difícil, a pesar de ser una persona a la que le encanta socializar.
Sobre las escuelas de teatro de Nueva York, explica que existe una gran disciplina: casi no puedes llegar ni un minuto tarde porque te echan, te exigen mucho, si no tienes el suficiente nivel en una asignatura te pueden expulsar de la escuela, los horarios son muy exigentes… Le enseñaron a esforzarse al máximo, a llegar al límite y descubrir que podía dar más de lo que creía, a investigar, a crear su propio trabajo. Todo esto le ayudó a llegar a No más besos con otra mentalidad y cree que, quizá, sin aquella experiencia no habría podido abordar la obra del mismo modo.
Ahora piensa que, si pudiera volver a vivirlo todo con la experiencia que tiene hoy, lo disfrutaría todavía más y llegaría antes a ese nivel de seguridad. Le encantaría, si algún día está bien económicamente y con tiempo, volver a Nueva York, aunque por el momento su deseo es seguir teniendo mucho trabajo aquí.
Después de aquella etapa regresó una vez con sus padres y otra con unos amigos, y siente que, aunque aún le quedan muchos lugares por conocer y por viajar, siempre tendrá ganas de volver a Nueva York.
Recuerda que le fascinaban todos los estrenos teatrales que había allí, y que cada vez que se estrenaba algo nuevo intentaba ir. Ahora le da mucha pena perderse todos esos estrenos. Entre sus lugares especiales de la ciudad destaca Central Park, porque cuando vives allí te da tiempo a descubrir todos sus rincones, sus estatuas… También recuerda con cariño la zona de High Line, ya que tenía la escuela justo enfrente y le parece un lugar muy especial. Y si tiene que elegir una zona más bulliciosa y llena de vida, se queda con Times Square.
Como lugar importante vinculado al teatro, menciona también la tienda Drama Book Shop, una librería dedicada exclusivamente al teatro que le encantaba. Recuerda que los dependientes sabían muchísimo y podían recomendarte justo lo que necesitaras. Era un espacio donde podía pasar horas y horas, así que siempre que regresa a Nueva York intenta volver a esa tienda.
El 2020 y su confinamiento
Durante el confinamiento, Miriam estuvo traduciendo la obra Más frío que aquí, que se estrenará en Valladolid. Se trata de un texto de la autora británica Laura Wade y es una historia familiar muy bonita con toques de humor negro, en la que la madre está en sus últimos días de vida. Ella interpreta a la hija, un personaje un poco perdido en la vida, con muchos conflictos internos, y precisamente por eso le fascina. Al ser un personaje contemporáneo, siente que puede hacerlo desde dentro y dotarlo de diferentes matices y emociones.
Llevaba bastante tiempo deseando traducir otra obra, pero con la vorágine de No más besos no tenía apenas tiempo. El confinamiento le permitió, al menos, sacar un espacio para ello, además de descansar y poner en orden ideas y proyectos.
En cuanto a la parte teatral, explica que, aunque ahora todo el mundo lleva mascarilla, siguen notando cuando el público se emociona. Cree que, debido a la situación que vivimos, todos nos esforzamos más en mostrar nuestras emociones; y al final de las funciones, con los aplausos, los espectadores acaban transmitiendo lo que sienten de una forma u otra.
Comenta que está siendo una época rara, pero que el público está muy agradecido porque sigan actuando. Aunque ellas lo hacen con toda la pasión del mundo, no deja de ser un trabajo, y ahora la gente valora y entiende que se están “jugando la vida” sobre el escenario: se reconoce más el esfuerzo, y el público responde con mucho cariño. También destaca las campañas de “teatro seguro”, que están ayudando a concienciar y a cuidar este espacio cultural.
En general, la gente respeta la distancia y el uso de la mascarilla. Aunque siempre puede aparecer alguna persona más rebelde, Miriam insiste en que el teatro suele tener un público muy respetuoso. Recuerda que, aun existiendo muchas ofertas y facilidades, no todo el mundo piensa en ir al teatro o tiene acceso, pero su sensación es muy positiva. Considera que en los teatros hay mucha más distancia que en otros lugares o incluso en el transporte público. Tal vez las acomodadoras puedan contar experiencias distintas, pero desde su punto de vista la cultura está organizándolo todo muy bien.
No más besos
Cuando le pregunto por la parte más placentera y la más compleja de No más besos, Miriam recuerda que a todas las actrices que han pasado por la función les ha ocurrido lo mismo: lo más complicado de interpretar es la parte inicial, cuando los personajes aún no tienen mucha complicidad. Al final de la obra ya están más cómodas y se dejan llevar mucho más, pero al principio deben tener mucho cuidado con encontrar el término medio. Todo va muy rápido y hallar el equilibrio es difícil.
Especialmente durante los ensayos, la presentación de los personajes les costó mucho. Son muchos momentos y muchas pausas de “primera vez”: la primera vez que se ven, que conversan, que se acercan… y al mismo tiempo hay que enganchar al espectador desde el principio. Es un tramo delicado y complejo.
Como parte favorita, Miriam se queda con la escena que comparte con Peter en la que ella no habla, pero él tiene un monólogo sobre la vida que podría tener Sara. Ver a Sara tan indefensa, siendo una persona tan echada hacia adelante, le emociona profundamente. Es uno de los momentos en los que más se conmueve, sobre todo en los días en que está más a flor de piel.
Por otro lado, menciona también el momento mágico entre las dos protagonistas, una escena sin palabras que emociona muchísimo y sobre la que muchas personas del público coinciden. Ellas mismas sienten esa conexión cada noche. Además, ese momento no estaba planteado así en el texto original: en la obra, era un monólogo. Pero durante un ensayo, Óscar decidió que en lugar de usar las palabras debían trabajar solo con música para ver cómo se sentían. El resultado fue tan potente que no pudieron hacerlo de otra manera.
La canción que suena en esa escena la eligió la propia Miriam. La tenía en la retina desde hace tiempo, aunque el resto de la banda sonora corre a cargo de Óscar. Bromean con que justo la canción que más llega a la gente es la que propuso ella.
Respecto a lo que deja de sí misma en Sara, comenta que intentó volcar las sensaciones y la ilusión que tenía cuando llegó a Nueva York: la inmensidad de la ciudad, la sensación de vivir su sueño y luchar por él. En aquel momento ella también acababa de independizarse en Madrid, otro cambio enorme en su vida, y todo eso le ayudó mucho con el personaje.
De los personajes siempre se le queda algo. Ahora también está interpretando La casa de Bernarda Alba y siente que, sobre todo al principio, se impregna tanto de los personajes que a veces, en su vida diaria, se sorprende diciendo frases que le recuerdan a ellos, o las utiliza a propósito. Lleva tres años conviviendo con Sara y un año con la obra, y sabe que en algún momento tendrá que desprenderse del personaje, pero le duele pensarlo. No se imagina separarse de ella todavía, y con otros personajes no le ha pasado estar tan unida.
No se ve interpretando a otro personaje dentro de la obra. Siempre le gusta romper barreras con sus personajes y ser muy decidida, y siente que, en esta función, su papel es muy fresco y conecta muchísimo con el público. Para ella, Sara ya es muy suya, y desde el principio pensó que tenía que interpretarla. A día de hoy no se ve cambiando de rol; le resultaría muy extraño y confuso.
Su historia personal
En cuanto a la banda sonora de su vida, Miriam comenta que siempre ha sido muy de musicales. Uno de los que más le gustan es Rent, con Idina Menzel en Nueva York. Le encanta porque habla de casualidades y decisiones que te cambian la vida, y combina momentos muy dramáticos con otros llenos de energía.
Otra película que le fascina es Cegado por la luz, con canciones de Bruce Springsteen. Cuenta la historia de un chico que persigue sus sueños y utiliza la música de Springsteen como ejemplo y motor para salir adelante. Es una cinta que le inspira y le motiva mucho.
Como sueños para el año que viene, desea que su nueva obra llegue a mucha gente, que emocione y poder estrenarla en las mejores condiciones posibles. Pide que la vida le permita seguir trabajando de esto y continuar por ese camino, ya que la vida tiene muchos factores pero su objetivo es seguir trayendo obras, traducirlas y ver cómo crecen. Si además la vida quiere seguir sorprendiéndola, mejor todavía.
De Madrid le encanta pasear por la zona del Palacio Real, un lugar que le transmite mucha tranquilidad. Vive en el centro, y a veces le cuesta encontrar rincones calmados. Cuando busca más movimiento, le gustan las zonas de comercio y ocio del centro, siempre llenas de vida.
Para terminar, si cogiera la famosa bola de la obra —esa pregunta que se lanzan las protagonistas sobre las decisiones vitales—, recuerda que en un momento Sara le pregunta a Callie si fue buena idea mudarse a Nueva York. Ella, trasladándolo a su propia vida, se preguntaría si fue una buena idea perseguir sus sueños. Aunque no todo es bonito ni fácil y haya altibajos, su respuesta sigue siendo un sí rotundo: hay que trabajar mucho, pero merece la pena.
Esa misma respuesta se percibe en cada palabra y gesto de Miriam: juventud, ganas y amor por el teatro que se contagian desde el escenario y en la conversación. Ojalá este encuentro sea solo uno de muchos, y podamos seguir disfrutando de nuevos proyectos juntos.
Esther Soledad Esteban Castillo, Madrid
