Simón Mercado: del set de Las Plantas al reto de seguir explorando
Hoy os traigo mi encuentro con Simón Mercado, uno de los actores del polémico y triunfador filme Las Plantas. Simón es un prometedor joven que se ha lanzado al mundo cinematográfico por primera vez con esta película chilena y, mientras tanto, compagina otros proyectos a la vez que sigue formándose y mejorando.
Después de poder leer la crítica de la película e introduciros en su mundo, no os perdáis este perfil-entrevista donde podréis conocerle mucho mejor como actor y como persona, y además terminar de comprender muchos más detalles de la película. Seguro que os encantará.
El comienzo de todo
Lo que más le atrajo de este proyecto fue que, cuando le llegó la idea, estaba aún en la carrera de interpretación en la universidad; se encontraba en tercer año y le ofrecía la posibilidad de enfrentarse a la actuación con un lenguaje cinematográfico, ya que —como bien explica— la actuación frente a cámara requiere una técnica muy distinta a la del teatro. Esto fue lo técnico que le convenció y, luego, también el guion: le encanta que se cuente la historia de la chica como se cuenta, que sea juvenil, que todo se narre desde un personaje femenino y, además, que mezcle la ficción dentro de la ficción.
También resalta que, siendo estudiante de teatro, era un privilegio poder comenzar a tocar los lenguajes de la interpretación. A él el cinematográfico le llamaba mucho la atención; llegar a la prueba de cámara de Roberto y poder darle un toque juvenil a la película le hace sentirse un privilegiado y haber cumplido un sueño.
Los efectos de Las Plantas en Simón
Sobre los aprendizajes que se lleva como actor y profesional, subraya que se encontró ante un equipo humano de quince personas —no contaban con muchos fondos— y que, además, para muchos era su primer largometraje; eso hizo que el proceso adquiriese un valor especial.
Lo más relevante para él fue aprender de Roberto y de todo el equipo que con amor todo se puede: no importa no tener los medios necesarios para levantar una película; con ganas, amor y pasión se puede hacer un trabajo profesional que dé que hablar. Ese impulso les llevó a festivales como el de Berlín, a visitar Rusia y Tokio, y a estrenar en España. Fue su primer largo y, encima, se transformó en una escuela y en una familia.
Como anécdota, conservan un grupo de WhatsApp llamado Las Plantas donde rememoran momentos y siguen en contacto. Al ser un equipo pequeño, eran como una familia; además, al rodar no contaban con el privilegio de poder repetir, de modo que había que hacerlo bien a la primera. Mercado remarca que lo único que cae del cielo es la lluvia: uno tiene que luchar por sus sueños, y la película es un sueño para ellos —tanto para quienes están frente a cámara como para quienes están detrás—.
La esencia de Las Plantas
Define la película como un viaje emocional que te llena de atmósfera. Mezcla lenguajes y estilos cinematográficos que te hacen viajar. El personaje de Florencia está en una búsqueda permanente: se busca a sí misma y a otros cuerpos. Es un viaje que invita a dejarse llevar y descubrir; todos los personajes habitan ese laberinto y el espectador entra en él encontrando habitaciones que no esperaba —o que no debía—, como en la vida. Es una película de adolescentes en etapa de descubrir y descubrirse, y es muy fiel a ello.
Si hubiese asistido como espectador sin haber formado parte del proyecto, se sentiría muy identificado, sobre todo con Violeta Castillo (Florencia). Su arco es el más largo y cree que todos hemos tenido ese viaje de búsqueda. La vida consiste en arder en preguntas, y siempre perseguimos respuestas a grandes cuestiones de nuestra propia existencia.
Todos hemos sido adolescentes y hemos transitado ese laberinto mental, más aún con la tragedia familiar que vive ella —madre con cáncer y hermano en estado vegetal—. Florencia sostiene a todos, pero nadie la sostiene a ella; esa contradicción conecta con espectadores de cualquier edad. Le habría gustado mucho la atmósfera, los planos y la banda sonora —también de Violeta Castillo—, con toques oscuros y de terror que multiplican las lecturas.
Sobre escenas complejas y favoritas: las más exigentes son los encuentros sexuales más cercanos de la protagonista —sexualidad, riesgo, placer—. El director las cuidó al máximo: intimidad, confianza, conocimiento propio y de los compañeros, silencio en set… Eran delicadas por la exposición física, pero pedían la intimidad que marcaba el guion. Su favorita reúne a los cuatro personajes en la cama —incluido el hermano— fumando: retrata una pandilla y a la vez expone una juventud chilena poco vista en pantalla (Comic-Con, cómic, cosplay, cultura coreana, K-Pop). También destaca la escena de baile —ensayaron un mes con un coreógrafo—. Muestran lo adolescente y su inconsciencia, y, ante todo, son fieles a la verdad.
Rememorando los días de rodaje
El rodaje fue en pleno invierno chileno: frío y muchas jornadas que arrancaban pronto. Para muchos era el primer largo y los nervios estaban ahí, pero hubo un mes largo de ensayos, conocieron a Violeta y se creó un ambiente familiar. Rodaron de mañana a noche, noches y exteriores. Se sintieron muy cuidados —café, mantas— y aprendieron juntos cómo se hace una película. Ese equipo humano excelente se percibe en pantalla: un regalo.
Cuando ganaron en Berlín a mejor largometraje, lo vivieron como otro regalo. La idea fue de Roberto y les cautivó. Hubo risas en el catering y salidas nocturnas. Es un rodaje que le acompañará toda la vida por el viaje y por lo aprendido de un equipo tan potente.
El futuro de Mercado
Quiere seguir explorando el lenguaje cinematográfico. Acaba de rodar un corto con un director español y, desde hace año y medio, vive en Palma de Mallorca. Está montando dos obras —una escrita por él y otra para compañía—. Su motor es explorar su universo creativo, seguir aprendiendo de directores y trabajar en nuevos cortometrajes —incluido uno para una escuela de cine de Alemania—. Roberto prepara su segundo guion con el mismo elenco y ya gestionan la posibilidad de rodar juntos de nuevo.
También quiere profundizar en el lenguaje teatral —con directores consagrados o emergentes—. Para él, el arte estudia la humanidad y te obliga a mirarte: exploras, te conoces y descubres un mundo espiritual, ya sea en el rito del escenario o en la intimidad de la cámara. Interpretar parte de la observación y del estudio. Aspira a dedicar su vida a esto, consciente de la dureza y sacrificio del oficio.
Le atraen los personajes dramáticos —como Lorca en Lágrimas de sangre o Yerma— y aquellos con dimensión social que obligan a investigar dentro y fuera. Le interesan los antagonistas —Yago en Otelo—, siempre evitando prejuicios y clichés para llegar a la “carne”.
Mirando más allá de Las Plantas y su significado
Los protagonistas viven experiencias místicas con las plantas. En la adolescencia se explora —y él aún lo hace—. Hoy, además, la sexualidad mediada por apps y el cibersexo están normalizados: “intimidad de alquiler” a un clic. En Chile muchas cosas siguen escondidas por conservadurismo; en España lo percibe como cotidiano, sobre todo entre las nuevas generaciones.
Su personaje, Francisco, tiene mucho de su yo de 16–17 años: centrado en su coreografía sin ver la enfermedad de la madre o el estado del hermano. Reconoce esa inconsciencia generacional y cómo el tiempo aporta conciencia y empatía: no eres el centro del mundo, y el amor —también con amigos— se construye. Define la película como honesta: muestra la realidad y la exploración propia y del entorno.
Si queréis seguir ahondando en el tema, no os perdáis Las Plantas…
Esther Soledad Esteban Castillo, Madrid
