Entrevista a Florence Noiville: los lazos que nos atan (y nos sueltan)
En su visita a España, tuve el honor de conversar largo rato con Florence Noiville sobre Los lazos. La autora —inteligente, elegante y cercana— firma una historia que remueve, emociona y no deja indiferente.
Entrevista
—¿Cómo nació esta historia?
Tengo tres hijas. Un día, una de ellas volvió del instituto (estaba en COU) y contó que en su clase una chica se había enamorado del profesor de Filosofía y que iban a vivir juntos. Sus hermanas pusieron el grito en el cielo: “horrible, repugnante…”, con un juicio moral muy severo. Y una dijo la frase germen del libro: “¿Qué pasa por la cabeza de una pava de diecisiete años para enamorarse de un dinosaurio?”.
—Trata un tema universal y complejo que hace reflexionar.
Gracias.
—¿Te cambió la visión del amor al escribirlo?
En el libro hay una parte autobiográfica; en el pasado viví una historia así. Escribir permite tomar distancia. Sentía que llevaba dentro aquella historia y, al convertirla en novela, me he desapegado —curiosamente, lo contrario del título. Eso me cambió a nivel personal y en mi mirada sobre el amor. Lo extraño es que los vínculos permanecen aunque el amor se vaya: una voz, una cultura compartida, un violonchelo… Lazos intelectuales y físicos, sin riqueza ni poder de por medio.
—¿Hubo alguna parte especialmente difícil o emocionante?
Quise abordar el lado científico: ¿qué ocurre en el cerebro cuando uno está obsesionado por un amor? Entrevisté a neurocientíficos y descubrí que es un proceso muy químico —no solo, pero también. Sugerí el paralelismo entre estar muy enamorado y drogado; así lo muestran las imágenes cerebrales. No quise excesivo detalle para no lastrar la lectura: buscaba una novela ligera y sugerente.
—¿Cómo describirías tu idea del amor?
En el libro, una madre dice que las relaciones son como azulejos: sólo vemos un lado de cada persona. Yo quería contar que el amor también se suma: el del hombre mayor, el del marido que vendrá (o al mismo tiempo), el de los padres, el de los hijos… La interdependencia de esos lados cubre el suelo. No creo que los amores se excluyan; se suman y responden a naturalezas distintas.
—¿Cuál es la relación más difícil?
La relación con uno mismo. Fui muy tímida y esa timidez se interpretaba como altivez. La relación más difícil es con uno mismo: hay que pensar cómo ir más allá. Cuando te liberas, confías y te asumes con tus defectos, la relación con los demás se aligera. Lleva tiempo, pero se supera.
—La literatura ayuda. ¿Referencias personales?
En Los lazos hay una frase de Stendhal: “uno no puede pasarse la vida odiando o teniendo miedo”. Parece simple, pero se aplica a casi todo. Nos devuelve a lo anterior: no podemos vivir con miedo.
—Sobre los “grandes amores”: ¿uno solo o varios?
Varios (risas).
—Si Anna y Marie se sentaran contigo, ¿qué les dirías?
Les preguntaría por qué las he castigado tanto (risas). Parece un libro simple, pero hay mucho trabajo: forma, fragmentos… Cada pieza debía quedar perfecta, como un pequeño poema. La fluidez final es fruto de un pulido exigente.
—Empezaste en letras tras Derecho y Economía. ¿Cómo recuerdas ese salto?
En Francia se etiqueta muy rápido. Pasar de finanzas a letras “no encaja”. Tuve la suerte de que alguien en Le Monde se arriesgó: primero textos pequeños, luego medianos y después más importantes. Hay voluntad… y hay suerte.
—Ciencias y letras: combinación útil.
Mi elemento natural es la cultura, pero conocer las técnicas financieras da claves y lenguaje común. Y algo esencial: no dejarse frenar por los negativos. Estamos rodeados de “no se puede” y yo quería decir “sí se puede” y que la historia acabe bien.
—¿Cómo ves la cultura a nivel global?
Cada país y disciplina tiene su problemática. En tiempos de crisis, la creatividad es esencial: nutre y recuerda que no estamos solos en nuestras preguntas.
—¿Cómo es tu día a día en Le Monde?
Llevo literatura extranjera: mitad redacción, mitad viajes para ver a los autores en su entorno. Busco sus obsesiones, heridas y motor con preguntas abiertas y silencios. Publicaron en EE. UU. una recopilación de mis retratos que fue Best Book of the Year en 2014; en el prefacio explico este enfoque.
—¿Un sueño y una ciudad pendiente?
Volver al Sudeste Asiático. Su mirada del mundo me obliga a replantear mis referentes.
Esther Soledad Esteban Castillo


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