Entrevista a Albert Dupontel por “Nueve meses de condena”

ENTREVISTA A ALBERT DUPONTEL

Albert Dupontel

Nos reunimos en su visita a España con Albert Dupontel, actor protagonista y director de Nueve meses… de condena!, la segunda película más taquillera del año pasado en Francia y ganadora de dos premios César.

Albert Dupontel nos recibió en una habitación de un conocido hotel madrileño y nos habló con humor, carisma y cercanía sobre lo que ha supuesto para él esta película, su forma de trabajar y de entender el cine, además de algún que otro secreto.

Si no queréis quedaros con la curiosidad de saber qué significan esos nueve meses de condena, os recomendamos ir al cine pero, sobre todo, leer antes esta entrevista para conocer mejor a su protagonista.

–¿Cómo nació en su día este proyecto?
Viendo un documental muy serio sobre la justicia que me impresionó y emocionó mucho. A partir de ahí imaginé una historia de amor improbable entre una jueza y su juzgado.

–¿Cómo es para ti la dificultad añadida de actuar en las películas que diriges?
El hecho de interpretar y actuar en mis películas es una ventaja para el presupuesto porque lo hago gratis, pero lo que más me interesa es la puesta en escena y la dirección.

–Debe de ser un lujo también para tus compañeros trabajar contigo siendo actor.
Crea muchísima complicidad con los actores y, sobre todo, con Sandrine. Comparto con ellos la angustia de interpretar, los errores… y eso me acerca mucho a ellos.

–¿Recuerdas alguna anécdota especial del rodaje?
No, todo fue muy bien. Me encantaría contarte cosas catastróficas, pero no. Lo más curioso fueron los más de trescientos planos trucados que tiene la película, posibles gracias a rodar en digital, lo que permitía trabajar con poca luz y abaratar costes.

–Debió de ser divertido el rodaje, aunque sea una historia dramática.
Nunca es divertido hacer una película porque se trabaja mucho. Cuanto más quieres divertir al público, más serio debes ser. El papel de Sandrine era especialmente dramático, y le dije: “No te ocupes de la comedia, ocúpate de vivir las emociones de tu personaje”.

–¿Cómo fue tu relación con Sandrine?
Siempre fue trabajo. Ensayamos mucho. La escena más difícil para mí fue el auto-juicio, cuando juzga su vientre. Es la más violenta de la película, nada divertida.

–¿Cuál es tu escena favorita?
La del policía comentando el vídeo de vigilancia con un tono extremadamente campechano. Me parece brillante.

–¿Te identificas con tu personaje?
No, afortunadamente no (risas). Pero sí es un tipo que conozco bien: inocente, un poco loco y muy tierno en el fondo.

–¿Qué otro personaje habrías escogido para interpretar?
Siempre pensé en este desde el principio. Para futuras películas me planteo si actuar o no, porque supone un extra de trabajo, aunque también soy una ventaja para el presupuesto.

–¿El mayor placer y desafío de esta película?
El mayor placer fue hacerla. Desafío ninguno, era una película sencilla. Quizás lo más difícil fue encontrar a la actriz.

–¿Fue complicado el casting?
No, trabajo con gente a la que admiro desde hace años. Espero de ellos talento, inventiva y entusiasmo. Me emociona que quieran rodar conmigo.

–¿Tuviste referentes a la hora de dirigir?
Trato de ser yo mismo, aunque soy consciente de que mis influencias están ahí, fruto de más de treinta años de cine.

–¿Algún director o título que te haya marcado?
Muchísimos: desde Chaplin hasta Terry Gilliam.

–¿Cómo has vivido el éxito en Francia?
Estoy demasiado viejo para la euforia, pero lo bastante joven para disfrutar. Ese éxito me permitirá hacer otra película.

–¿Ya tienes algo en mente?
Sí, llevo un año escribiendo, aunque solo tengo cuarenta páginas. Falta mucho todavía.

–¿Cómo fue la etapa de los César?
Me resulta extraño valorar qué película es “mejor” que otra. Es como decir que Van Gogh es mejor que Matisse. Pero fue amable y positivo que premiaran la película.

–¿Cuál es tu mayor recuerdo de este proyecto?
Haber pasado muy buenos momentos, aunque ya es pasado. Ahora toca preparar otra película y no mirar atrás.

Entrevista realizada por Esther Soledad Esteban Castillo. Madrid.

Deja un comentario