LAS HERIDAS DEL VIENTO
ENTREVISTA A JUAN CARLOS RUBIO, KITI MÁNVER Y DANI MURIEL
Entrevistamos a un trío de infarto que actualmente triunfa en el Teatro Lara de Madrid con la obra escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio, Las Heridas del Viento.
Si queréis emocionaros, sentir mil emociones a flor de piel, recordar viejos tiempos y querer construir el futuro, abrir una ventana amplia a la verdad y a la vida… esta es vuestra obra. Las Heridas del Viento es una joya disfrazada de obra teatral, perfecta para estas navidades y para cualquier época del año, ya que las buenas obras nunca pasan de moda.
Un trabajo para quitarse el sombrero por parte de Kiti Mánver y Dani Muriel, una unión perfecta llena de magia y de química, guiados por el mejor conductor que podemos imaginar: Juan Carlos Rubio. Este trío nos ofreció esta genial entrevista en la que hablan sobre la vida, el teatro, la obra… y más secretos que solo descubriréis leyendo esta entrevista.
-¿Cómo llegáis vosotros a la obra?
J.C.: Les llamo porque me parecían perfectos para encarnar a estos personajes. Esta obra ya había venido a España con el montaje norteamericano de gira, un trabajo espectacular que estuvo en Miami y Nueva York y ganó premios allí. Estoy muy contento, pero yo quería dirigirla; he dirigido casi todas mis obras y esta, que es muy especial para mí, la quería poner en pie. Tras el gran montaje escénico y complejo de La Monja Alférez, con trece actores, quería hacer algo más simple y desnudo con dos actores. Con Kiti he trabajado ya desde hace ocho años, y con Dani vengo de hacer La Monja Alférez.
Kiti: Tenemos un contrato blindado.
J.C.: Un pacto de sangre, ocho años ininterrumpidos, con pocas diferencias y ya somos casi familia. Cuando alguien tiene tanto talento, y charlamos con educación y comprensión, llegas a buen puerto. Cuando pensé en Juan con unas características y este chico más joven, fue una estupenda elección y fueron las primeras personas en las que pensé.
Dani: Para mí ha sido un placer. Acabábamos de trabajar en La Monja Alférez y me apetecía mucho. Siempre lo habíamos intentado, pero no habíamos podido hasta ahora. Aparte, cuando me mandó el texto y lo leí, era delicioso y una maravilla. Y además, estando Kiti, no podía decir que no.
Kiti: Yo salí corriendo porque tenía que hacer de tío (risas). Además, era algo especial y en la primera función, en Lucena, tuvimos muchas dudas porque es un paso extraño.
J.C.: Las dudas nos persiguen como los fantasmas del pasado, como dice la función, pero Kiti hace un trabajo maravilloso. Esta función la escribí pensando en un ser ambiguo; en su momento fue para un actor que es bastante ambiguo, y luego la han representado muchos actores distintos. Kiti es una actriz con un abanico de registros inmensos, desde la mujer más femenina del mundo a este hombre.
Kiti: Yo estaba nerviosísima y pensaba que era inalcanzable, pero como él es muy zorro y le quita importancia al hombre, metiéndome en una forma de interpretar muy de primer plano de cine, se me olvidaba un poco el pánico.
J.C.: Es una obra concebida para hacerla en el hall del Lara. En Lucena, un sitio pequeño y acogedor para setenta personas, la intimidad permitía a la gente ver los ojos, algo que en un escenario normal se pierde a partir de la quinta o sexta fila.
-Para Dani: También has trabajado mucho en Microteatro, así que la cercanía con el público te será habitual…
Dani: Sí, últimamente estoy muy “micro”. Trabajar en este formato es diferente. Los microteatros tienen una inmediatez muy rápida, pero aquí hemos hecho un laboratorio: investigado, probado cosas y descartado otras. Este trabajo me ha hecho crecer e incluso puedo usarlo en la siguiente experiencia.
-Tener a la gente tan cerca debe ser un placer…
Kiti: Pero ellos también se mueren de miedo; les oímos respirar y hasta moquear en los momentos emotivos.
J.C.: Hay apartes en los que se habla con el público. Quise hacer esta función tan íntima para contar las cosas de forma diferente; tenerles al lado es lo mejor para expresar lo que quería.
Dani: Y funciona. Ya en Lucena, gente que no conocíamos nos escribía por Twitter para decir que lo habían sentido todo a flor de piel, muy distinto a otras experiencias teatrales. Ese viaje que Juan Carlos quería para el público.
J.C.: Sobre todo, conectar con emociones personales. Que el espectador salga no solo pensando que ha visto un gran trabajo de Kiti y Dani, sino que reflexione sobre su vida, las relaciones, los problemas familiares sin resolver, la responsabilidad de nuestros actos, cómo vivimos… Aunque estemos en crisis y con angustias económicas, solo tenemos una vida y debemos vivirla plenamente.
-Tenemos mucho drama pero una visión esperanzadora entonces…
Kiti: Lo mejor, con sesenta años y cuarenta y cuatro de profesión, es sentir la catarsis de la que hablaban los libros, pero en carne propia. En Lucena, un chico de quince años estaba conmovido… era una sensación única.
J.C.: La cercanía y el diálogo directo consiguen algo diferente.
Daniel: Es drama pero también comedia. El personaje de Juan tiene una filosofía de vida con mucha ironía; es una montaña rusa.
J.C.: La gente ríe y luego llora…
-Y mira que es difícil conseguir eso…
J.C.: Es más difícil hacer llorar que reír, aunque reír también tiene su clave. Todos tenemos más ganas de reír que de llorar en el teatro, pero el drama es más personal y abrir esa puerta es asombroso. Ellos lo consiguen con su verdad, su desnudez, su sinceridad.
-¿Podremos encontrar algo más en el Hall aparte de a vosotros solos?
J.C.: El hall del Lara, con su escenografía y decadencia, es perfecto. Hemos escogido muy bien los escenarios.
Dani: Es más íntimo que un escenario tradicional. Aplaudo mucho esta alternativa del Off.
Kiti: Han tocado el estómago y el corazón de la gente.
-Y todas grandes obras…
J.C.: Todos los espectáculos del Lara son estupendos. Estoy muy agradecido por que hayan confiado en nosotros y nos hayan cedido este hueco, dentro de la propuesta Los Lunes al Hall.
Kiti: Los compañeros lo agradecen porque casi nunca podemos ir a ver los espectáculos de los demás.
-En este tiempo de ensayos que lleváis, ¿ha cambiado mucho la obra?
(Todos ríen).
J.C.: Venimos de Lucena con mucha información importante. Trabajo para mi público, para comunicar emociones: llantos, risas, misterio… Y aquí lo estamos trabajando, seguro que seguirá cambiando. Lo que hace único al teatro es su capacidad mimética, esa energía que transforma el público; cada función es irrepetible.
Dani: Las funciones de Lucena no tienen nada que ver con las de ahora. El público te modifica.
J.C.: Con Kiti, que lleva ocho años conmigo, sé que puedo confiar; es una actriz minuciosa. Defiendo siempre al actor músico, que cada día interpreta una nueva partitura con emoción.
Kiti: Se necesita esa libertad. Si no cuentan contigo en escena, se desafina la partitura.
J.C.: Son actores conscientes de lo que sucede, que modifican una historia que el público ve por primera vez.
Kiti: Puedes hacer trabajos estupendos, pero si no hay feeling, falta un valor añadido.
-Con unos personajes tan complejos, ¿se os quedan dentro?
Kiti: Está conmigo, pero intento quitármelo rápido porque, si no, te destroza.
Dani: Lo mismo. Hay ensayos muy catárticos. Después sales alegre porque has liberado mucho.
-¿Algo más por resaltar?
J.C.: Ojalá vengan. Que un espectador te dé las gracias después de pagar es especial. Hoy en día parece que hay un complot para que no sintamos y seamos máquinas; el teatro nos devuelve la vida.
Esther Soledad Esteban Castillo, Madrid

