ENTREVISTA CON… SÍLVIA SOLER
Sílvia Soler: “Nosotros somos los arquitectos de nuestro destino”
Nos reunimos con Sílvia Soler, una de las autoras más destacadas del momento, para hablar de El verano que empieza, la novela ganadora del prestigioso Premio Ramon Llull, recientemente publicada en castellano y francés. En su visita a Madrid, Sílvia nos contagió con su cercanía y su calidez, desvelándonos los secretos de una obra que celebra el paso del tiempo, la nostalgia sin tristeza y la libertad personal frente al destino.
Una historia que nace desde la melancolía
Sílvia nos cuenta que esta novela no partió de una idea concreta, sino del deseo profundo de escribir lo que a ella misma le gusta leer: “una historia donde el paso del tiempo tenga protagonismo, con melancolía, pero sin caer en la tristeza”. El verano que empieza narra la amistad entre dos familias a lo largo de generaciones, en un pequeño pueblo imaginario de la costa mediterránea. La autora quería que ese entorno fuera discreto, un telón de fondo que no eclipsara a los personajes pero que sí los condicionara.
Lo más interesante es cómo sus protagonistas se relacionan con ese entorno: “el personaje masculino lo vive con naturalidad, mientras que el femenino se siente atrapada”, explica. Para Soler, el paso del tiempo, el amor, la muerte y el destino son los grandes temas de la literatura. Pero su enfoque invita a celebrar lo cotidiano, los pequeños momentos que hacen única la vida.
Contra el destino: libertad y rebeldía
Uno de los temas centrales de la novela es el destino, y Soler lo aborda desde una perspectiva muy personal. “Todos nacemos con unas cartas marcadas: nuestro entorno, carácter, circunstancias… pero somos nosotros quienes decidimos cómo jugarlas. Somos los arquitectos de nuestro destino.” Su personaje femenino, por ejemplo, se rebela contra lo que parece escrito para ella, dando un rodeo vital para llegar a donde la vida la llevaba desde el principio.
Esa idea se refleja también en las madres de la novela, quienes fantasean con unir a sus hijos antes de que nazcan. Para Sílvia, ese deseo es natural pero también opresivo, sobre todo en un pueblo pequeño donde todos observan, y donde una tragedia amplifica esa presión.
Tradiciones, veranos y pequeñas felicidades
Aunque no se considera una persona tradicional, Soler valora las tradiciones espontáneas, como el brindis de los personajes en la novela, que acaba convirtiéndose en rito. Reconoce que al hacerse mayor, esas pequeñas tradiciones ganan valor: “cuando alguien que ya no está ha vivido contigo esos momentos, los quieres conservar pase lo que pase”.
Una de esas tradiciones es la verbena de San Juan, que tiene un papel importante en la novela y que para Sílvia es un momento mágico, “la puerta de entrada al verano, al relax, a la naturaleza, a los amigos”. Recuerda con ternura cómo en Cataluña esta fiesta marca el primer baile o el primer beso de muchos adolescentes.
Premios, periodismo y conexión con los lectores
Ganar el Premio Ramon Llull ha sido un gran impulso para la autora, no solo por el reconocimiento, sino porque le ha permitido llegar a nuevos lectores. Para Sílvia, escribir no significa encerrarse, y por eso compagina la literatura con su trabajo en prensa, radio y televisión. “Sin el contacto con la vida y la gente, no sabría sobre qué escribir”, afirma. Ha adoptado una rutina diaria: escribir por las mañanas y colaborar en medios por la tarde.
Soler no piensa en un público concreto al escribir, sino en lo que la historia necesita. Por eso, se siente afortunada de que su novela guste a lectores de todas las edades. Ha recibido mensajes de madres que se la han pasado a sus hijas y planean que la lea también la abuela: “eso me emociona mucho”.
Lecturas, música y nuevos proyectos
Sus referentes literarios son diversos. Recuerda con emoción La plaça del diamant de Mercè Rodoreda, que leyó de joven y que le despertó el deseo de escribir. También siente fascinación por autoras canadienses y por novelas que hablen de la vida cotidiana. Cinematográficamente prefiere películas que exploren las relaciones humanas y destaca Pequeñas mentiras sin importancia. La música, con su poder evocador, está muy presente en sus libros y en su vida, reflejando los gustos de sus personajes.
Sobre el futuro, adelanta que le gustaría escribir una novela coral, con varias generaciones y más ambiciosa en extensión y profundidad. Entre risas, confiesa que tendrá que variar los gustos musicales y literarios de sus protagonistas, porque hasta ahora les ha prestado los suyos propios.
Una celebración de la vida y la libertad
Sílvia Soler nos invita con esta novela a celebrar los detalles que hacen única cada vida, a cuestionar lo que parece escrito, y a entender que, aunque el tiempo pase y nos cambie, aún tenemos la libertad de decidir quiénes somos. Su mirada cercana y su escritura luminosa nos recuerdan que, como ella dice, “siempre podemos construir nuestro propio camino”.
Esther Soledad Esteban Castillo

